11 octubre, 2020

Humanismo

Por Teodoro Rentería Arróyave (*), desde Ciudad de México.- El Humanismo, lo describen los eruditos, como la corriente de pensamiento que tenía como características el antropocentrismo, la racionalidad y el cientificismo. Este movimiento cultural y filosófico sentó las bases para el Renacimiento y marcó la transición entre la Edad Media y la Modernidad.

La llamada Descentralización del Conocimiento, es donde la Iglesia Católica pierde el monopolio del conocimiento con el desarrollo de la prensa. El movimiento humanista comenzó en Italia en el siglo XIV. Este es un período de transición para las naciones europeas en las artes y la economía. En este momento, pasamos del feudalismo al mercantilismo y los ideales burgueses comienzan a influir en la dinámica social.

Una de las principales características del humanismo es el antropocentrismo, donde el hombre se convierte en el centro del mundo. Por lo tanto, existe la apreciación del ser humano, así como sus emociones y pensamientos.

Este movimiento se puede considerar como un choque entre el teocentrismo, que considera que Dios es el centro de todo, para sustituirlo por el antropocentrismo, que considera en este caso al hombre como medida de todas las cosas, exaltando las cualidades humanas sin necesidad de acudir a doctrinas religiosas.

En el humanismo encontramos un movimiento que se relaciona con la generosidad, la preocupación por la valoración del ser humano, la bondad en las relaciones entre individuos y la propia compasión.

Basado en cierto modo en algunas doctrinas clásicas griegas y romanas, la propia palabra proviene del vocablo humanus, es decir, humano, con raíz griega ismós, que se refiere a una escuela, movimiento o sistema.

Sin duda, fue una ruptura con el teocentrismo que había dominado durante siglos en la Edad Media. Ahora, el ser humano reflexionaba sobre cuestiones largamente dejadas de lado, como el arte, la política o el propio pensamiento, de ahí que supusiera una revolución cultural que marcó el paso del Medievo a la Modernidad.

Recurro a estas explicaciones, porque es verdaderamente desconcertante e inaceptable, sobre todo en estos tiempos que afrontamos la pandemia que asola al mundo, que por intereses políticos-económicos, deseemos a nuestros semejantes, enfermedades y muerte.

En nuestro México, un escritor de cuyo nombre no quiero ni acordarme, pide que en el Zócalo, en la plaza pública, quemen a todos y cada uno de los “morenistas”, es decir a los que militan en el partido Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA.

Otros difunden una caricatura del actor británico Rowan Sebastián Atkinson, en franca referencia al presidente Donald Trump, por haber dado positivo al covid19, con la frase siniestra. “Gringos suertudos ¿y nosotros cuándo?”, además, para nuestro México, le clavan en la bolsa superior del saco, nuestra Bandera Nacional.

Castigar, inclusive con el ajusticiamiento, a los que no comulgan con una religión impuesta, como lo hizo la criminal Inquisición; desear el mal o la muerte a nuestros semejantes por cuestiones políticas, económicas o sociales, es propio de mentes enfermas, fanáticas y criminales. En consecuencia, estamos y estaremos siempre con el Humanismo.

(*) Periodista. Secretario de Desarrollo Social de la FELAP. Presidente de CONALIPE. Fundador y presidente vitalicio de la FAPERMEX.

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