4 marzo, 2026

La angustia organizada

Por Eduardo Verona.

Periodista. Miembro de Conducción de UTPBA.

La angustia desproporcionada es una patología reconocida que incorpora particularidades, características, ritos, contraseñas y estímulos tan nocivos como tóxicos que cada uno encuentra, incorpora y padece. Pero la angustia colectiva inoculada por la vida digitalizada adoptada por las sociedades de consumo y sus inabarcables satélites de comunicación es una auténtica herramienta de sometimiento y dominación que incluye a todas las clases sociales y franjas etarias. En especial, a esas clases sociales (medias y bajas) totalmente subordinadas a los mensajes urgentes, dramáticos y extremistas que alteran y perturban todos los equilibrios formales e informales. 

Promover por distintas vías de acción psicológica la angustia colectiva es también promover algunos de los pliegues bendecidos por el capitalismo salvaje. Que siempre será salvaje y exterminador en la medida en que el poder político, las organizaciones económicas y sociales y la sociedad en su conjunto no le impongan condiciones taxativas que limiten y frenen su capacidad infinita de generar daño y destrucción sin reparar en ninguna otra consecuencia que no sea la acumulación de la renta. 

¿Qué alienta y multiplica la angustia organizada desde las cumbres de la manipulación digital que manejan  las élites tecnológicas nucleadas en Amazon, X, Instagram, Facebook, Apple y Google, entre otras? El control y la manipulación total y absoluta de las conductas y respuestas individuales, no solo capturando datos personales de decenas de millones y millones de personas, sino influenciando de manera rotunda y decisiva en el devenir de sus vidas y de sus proyectos a corto, mediano y largo plazo.

Incentivar la angustia colectiva desde las cúpulas del poder digitalizado es un instrumento que demanda el perfil de una clase política global obediente hasta la exasperación, dócil, genuflexa, entreguista, muy sensible a la altísima complicidad  y fatalmente cobarde. Se disfraza de progreso, innovación y evolución inevitable lo que en realidad es una monumental transferencia de recursos intelectuales, económicos y financieros a megaempresas que terminan diseñando el mapa geopolítico de sus propios intereses corporativos, aliados a los postulados clásicos del neoliberalismo, hoy de romance declarado con el neofascismo y su troupe de fascistas renovados pero muy fáciles de identificar.   

¿Cuál es el objetivo central de esta nueva fase del orden capitalista? El de siempre: tomar a la sociedad de rehén. Inducirla con un flujo de información incesante (en muchísimos casos falsa) durante las 24 horas de cada día a funcionar como un robot sin ninguna perspectiva de independencia, autonomía ni superación. A no pensar. A no reflexionar. A no hacer ni una mínima pausa. A no interpretar. A no ver. A no escuchar. A no saber distinguir. A no editar. Y sobre todo a no elegir. A no elegir nunca aunque se promocione todo lo contrario. Porque el algoritmo es el que finalmente elige. El que decide. El que inclina la cancha con razonamientos espurios. El que administra y maneja los tiempos y los espacios dé cada uno con una eficacia ya probada.

En la dictadura del algoritmo que determina enfoques y rumbos ideológicos, no hay países, no hay identidades, no hay legados históricos, no hay pasado, no hay símbolos. No hay memorias que se reivindiquen: solo hay territorios y personas a conquistar. Para que a un elegido consagrado con aspiraciones de perforar la historia, le sea concedida esa posibilidad sin pagar peaje. El guión criminal de esta trama es global. Trasciende con holgura el plano limitado de la aldea propia. Es la saga de la derecha y de los ultras que narcotizan a los testigos directos de su propio derrumbe.

En 1975, Michel Foucault (filósofo, psicólogo e historiador muy crítico de las instituciones sociales, fallecido en París en 1984 a los 57 años, víctima del HIV) es quién introduce el concepto de la tecnología como una herramienta del poder definiéndola como “panoptismo” en el marco del control social.

El campo digital que hoy hegemoniza las relaciones supera la teoría del “panoptismo”`planteada por Foucault hace medio siglo (cuando en 1975 publicó su libro Vigilar y castigar), ya que además de amplificar y testimoniar a nivel público el comportamiento humano, lo condiciona, lo redefine y lo modela a expensas del algoritmo cuya búsqueda esencial es atrapar la máxima rentabilidad empresarial en el menor tiempo posible.

Michel Foucault.

La angustia y ansiedad colectiva colonizada y construida por el universo tecnológico también forma parte de esa misma rentabilidad. A mayor angustia y ansiedad, mayor control y dependencia. Y a mayor control y dependencia, mayor ceguera, ignorancia, entrega y sumisión. Es la letra y la música de la sociedad ultra capitalista subordinada por completo a un experimento digitalizado y artificial que persigue inocultables fines hegemónicos, ideológicos, económicos y políticos.

Tubal Páez Premio Nacional de Periodismo José Martí 

Por Juan Carlos Camaño.

Presidente de la FELAP.
Esta vez sí. Tubal Aceptó. En años anteriores prefirió que el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la Obra de la Vida recayera en otras compañeras y compañeros. Se trata del mismo Tubal, quien sin desmerecer la importancia de lo individual nunca dejó -deja- de luchar por lo colectivo y para el colectivo.

Una escritora en su ecosistema

Por Ana Villarreal.

Periodista y escritora. Miembro de Conducción de la UTPBA y Delegada Permanente a la FELAP.
Daniela Olivar, ganadora del Premio Onetti en Uruguay con su novela “Gurisas Chicas”, habla en este reportaje de varias cosas, entre ellas, de la literatura en tiempos de Inteligencia Artificial.

La angustia organizada

Por Eduardo Verona.

Periodista. Miembro de Conducción de UTPBA.
En la dictadura del algoritmo que determina enfoques y rumbos ideológicos, no hay países, no hay identidades, no hay legados históricos, no hay pasado, no hay símbolos. No hay memorias que se reivindiquen: solo hay territorios y personas a conquistar.