-César, te llamé para definir algo fundamental: ¿qué hacemos con Scaloni?
-Hagamos lo que hay que hacer: hay que prolongarle el contrato hasta el cierre de las eliminatorias. Si clasifica para el Mundial, el dirigirá a la Selección en Qatar. Es lo que corresponde. Argentina no puede estar con un entrenador provisorio que renueve su contrato cada doce meses, como viene ocurriendo ahora. Esto no me lo olvidé porque lo aprendí cuando estuve en la Selección. Hay que dar estabilidad, seguridad, respaldo. Esta es mi respuesta. Scaloni tiene que seguir por lo menos hasta el Mundial.
-Está bien, César. Coincido. Precisaba tu palabra. Así lo vamos a hacer. Y lo vamos a anunciar.
Eran las 20,35 horas del 11 de julio de 2019. Claudio Tapia y César Luis Menotti acababan de confirmar a Lionel Scaloni y su grupo de colaboradores más directos (Roberto Ayala, Walter Samuel y Pablo Aimar) como responsables del fútbol de la Selección.

Atrás había quedado, por un tiempo breve, el potente lobby mediático y empresarial para instalarlo a Marcelo Gallardo (con su aprobación) como técnico de la Selección, en sintonía con el desembarco en AFA del presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, hijo de Raúl D’ Onofrio, interventor de AFA desde junio de 1971 hasta enero de 1973 bajo la dictadura militar de Alejandro Agustín Lanusse.
Jueves 27 de marzo de 2019, tres meses y medio antes de la reunión que mantuvieron Tapia y Menotti en AFA, en la que Scaloni quedó ratificado. En la entrevista que nos concedió Menotti para Diario Popular, luego de la durísima derrota de Argentina por 3-1 ante Venezuela en Madrid y el triunfo muy ajustado por 1-0 frente a Marruecos en Tánger, nos dijo entre otras consideraciones: “El problema no es que perdimos con Venezuela. Eso puede pasar. El problema es cómo se jugó y cómo se perdió. La verdad, no sé lo que se pretendió hacer. En cambio ante Marruecos hubo por lo menos un principio de orden con la línea de cuatro que le permitió al equipo estar un poco más seguro. Claro que milagros no pueden esperarse. El fútbol no convive con los milagros. Eso sí: tengo que encontrarme con Scaloni lo más pronto posible para hablar de lo que pasó y de lo que tendría que ir pasando. Por ejemplo, para constituir la base del plantel y definir la idea. Sin una base es imposible. Esto lo tenemos que charlar. Para eso me llamaron”.
-¿No le habrá rebotado a Scaloni esa observación en la que planteaste que iba a ser evaluado después de la Copa América de junio de este año en Brasil?
-No. Todos somos evaluados permanentemente: los jugadores, los técnicos, los periodistas… Todos estamos supeditados a esas reglas porque lo que hacemos es una actividad pública sujeta a evaluaciones. Así que no creo que Scaloni se haya sentido afectado por esas palabras.

Esta mirada inicial crítica del Flaco Menotti sobre la labor de Scaloni luego le abrió paso durante el desarrollo de la Copa América (Argentina clasificó tercera venciendo a Chile con una labor colectiva que dejaba ver señales auspiciosas) a un análisis más positivo. Señalaba Menotti que Scaloni estaba encontrando “algo” vital: una idea aplicada a un funcionamiento.
“Es que sin una idea ni funcionamiento no hay nada”, repetía el Flaco convencido. Y para redondear metía un par de frases de alfo impacto: “La táctica nunca va a resolver los grandes misterios del fútbol. Nunca. Si un equipo encuentra movilidad con precisión, la táctica me la paso por el culo”.
La Selección delató cierto perfil futbolístico en aquella Copa América que conquistó Brasil. Nada relevante, pero allí comenzó la consolidación posterior de Scaloni. No porque le pasara letra Menotti ni Chiqui Tapia. Pero se sintió respaldado para transitar su camino. El respaldo fue logístico pero sobre todo conceptual. “Ahora viene la etapa de la construcción. Elegir a siete, ocho o nueve jugadores que sean su base, su equipo, para después resolver lo que falta que no es poco”, sostenía Menotti.
Lo fue haciendo Scaloni. Sin sobreactuaciones. Sin definiciones que buscaran aprobaciones instantáneas. Sin versos tácticistas para complacer audiencias. Sin oportunismos. Fue creciendo la Selección en juego, en resultados y en títulos. Y fue creciendo Scaloni en la toma de decisiones con un rasgo de naturalidad y soltura para interpretar las necesidades que no lo dejaron mal parado. Todo lo contrario. Lo fortalecieron.
¿Podría encuadrarse a Scaloni como un pragmático? Sí. Un pragmático que no se deja seducir por las verdades reveladas, que por supuesto no son tales. Un pragmático equilibrado. ¿Podría catalogarse a Scaloni como un entrenador ecléctico? Sí. Un ecléctico que supo tomar de distintas escuelas futbolísticas valores, mensajes y respuestas para nutrirse y evolucionar. No es un teórico. Es un intuitivo. Un intuitivo que no se la creyó. Mucho más sensible y próximo a la dinámica del juego (y de los jugadores) que a la dinámica de la táctica como paradigma de la vanguardia tecnocrática.
Decir que es un fenómeno es una exageración inaceptable propia de estos tiempos de grandes exageraciones. No es ningún fenómeno. Conoce su medida. Maneja y administra bien su ego. Consulta. Pregunta a los que él considera que debe consultar y preguntar. No parece ser un pasajero de la boludez tan extendida. Sabe, seguramente, que desconoce más cosas de las que sabe. No es menor el mérito.

El arranque del Mundial (Argentina debuta el martes 16 de junio ante Argelia y el partido inaugural lo jugarán el jueves 11 México-Sudáfrica) es inminente. El hombre que el 16 de mayo cumplió 48 años no debe ignorar que ser un buen estratega es elegir bien no solo en el momento indicado. En todos los momentos. Así salió campeón del mundo: excepto un error muy recordado cuando en la final frente a Francia reemplazó a los 18 minutos del segundo tiempo a Angel Di María (de actuación notable) por el hoy excluido Marcos Acuña.
Se equivocó. Como en muchas ocasiones nos equivocamos todos.