En tiempos en que Lagos, la ciudad más importante de Nigeria daba paso a la céntrica Abuya para ser la capital del país más poblado de África, con 242 millones de personas, irrumpía un fenómeno cultural que rompería con fuerza ascendente los límites locales.
A inicios de la década de los noventa un video casero de 163 minutos de drama y suspenso, Living in Bondage (Viviendo en esclavitud) superó las expectativas de su productor. Una verdadera mecha iniciática de taquillas que haría el vertiginoso camino hacia lo que hoy es Nollywood, la tercera industria del entretenimiento, luego de sus pares: la estadounidense Hollywood y la india Bollywood.

Todo comenzó con el éxito de Keneeth Nnebue, un comerciante de artículos de electrónica. Con una cámara de video casera grabó Living in Bondage en igbó, una de las 500 lenguas que se hablan en el país, con el propósito de colocar en el mercado un stock de VHS vírgenes que no podía vender de otra manera.
Los imitadores de Nnebue no tardaron en provocar una verdadera inundación de mercados, comercios de electrónica y puestos callejeros con títulos que no insumían más de dos semanas de producción sobre dramas familiares, aventuras y brujerías.
En los primeros años del nuevo siglo irrumpen los cineastas en ese vertiginoso mercado dando mayor calidad a los rodajes en celuloide y formatos digitales para las salas de cine.
Así destacan con sus aciertos el director Kunle Afolayán, las directoras Jade Osiberu y Kemi Adetiba, entre otros, cuyas creaciones pueden encontrarse en plataformas como Netflix o Amazon Prime Video.
En la actualidad, el sector emplea a más de un millón de personas y registra la producción de 2500 películas anuales, de procesos rápidos de filmaciones y la aplicación de bajos presupuestos.
La libreta negra; Kings of Boys (Rey de los chicos); la serie Hermanas de sangre; Anikúlápó, son algunos de los títulos que han llegado últimamente al resto del mundo con gran aceptación del público masivo.

En enero próximo en Nigeria habrá elecciones para sostén de su breve historial de democracia parlamentaria. Con una economía en recesión, con altísimos niveles de desempleo, inflación desenfrenada en los precios de los alimentos y la baja esperanza de vida en su población amenazada por brotes de tuberculosis, malaria y meningitis, otra Living in bondage acuña su argumento como contracara del sueño dorado de Nollywood.