22 marzo, 2022

Claudia Vellano

P- ¿Cuáles son las dificultades que estás atravesando en el plano personal, profesional o laboral en el marco de la pandemia? 

R- La pandemia modificó muchas cosas de mi vida. En primer lugar, la pérdida del padre de mi hija mayor, quién falleció por covid cuando todavía no había vacunas. También sufrí la perdida de una compañera muy cercana. Terminé el 2020 con diabetes tipo 2 y una hija de 13 años con depresión y tratamiento psiquiátrico. He visto mucha gente hablar de la pérdida económica. La pérdida mayor es la vida. Y el deterioro de la salud es un efecto colateral que lleva mucho tiempo y mucho esfuerzo recuperar. Sigo militando y haciendo mis columnas de opinión en el programa de radio de Hugo Pignataro.

P- ¿Qué opinión te merece la falta de respuesta ante nuestro reclamo con respecto al predio de UTPBA en Moreno? 

R- Es muy triste lo que sucede con el camping. Disfrute muchos veranos de ese predio con mi familia. Un lugar de lujo para el disfrute de los trabajadores. Espero sinceramente que cada una de las partes pueda encontrar en el dialogo la forma de llegar a un acuerdo para restablecer a los periodistas el espacio que les pertenece. 

Tubal Páez Premio Nacional de Periodismo José Martí 

Por Juan Carlos Camaño.

Presidente de la FELAP.
Esta vez sí. Tubal Aceptó. En años anteriores prefirió que el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la Obra de la Vida recayera en otras compañeras y compañeros. Se trata del mismo Tubal, quien sin desmerecer la importancia de lo individual nunca dejó -deja- de luchar por lo colectivo y para el colectivo.

Una escritora en su ecosistema

Por Ana Villarreal.

Periodista y escritora. Miembro de Conducción de la UTPBA y Delegada Permanente a la FELAP.
Daniela Olivar, ganadora del Premio Onetti en Uruguay con su novela “Gurisas Chicas”, habla en este reportaje de varias cosas, entre ellas, de la literatura en tiempos de Inteligencia Artificial.

La angustia organizada

Por Eduardo Verona.

Periodista. Miembro de Conducción de UTPBA.
En la dictadura del algoritmo que determina enfoques y rumbos ideológicos, no hay países, no hay identidades, no hay legados históricos, no hay pasado, no hay símbolos. No hay memorias que se reivindiquen: solo hay territorios y personas a conquistar.