El dibujante Meiji y el curador y expositor Hugo Maradei participaron de un nuevo episodio de Charlas Dibujadas, ciclo de DATA.U en el que referentes del humor gráfico argentino conversan en un formato distendido.
La trayectoria de Maradei en la investigación, selección y organización de obras lo llevó a presentar numerosas muestras de dibujo y a ocupar un rol destacado en el Museo de la Ilustración Gráfica, donde integra el equipo técnico. La institución, ubicada en el barrio porteño de La Boca, desarrolla actividades vinculadas al humor gráfico, la historieta, la ilustración y la animación.
Maradei señaló que comenzó a coleccionar historietas y dibujos a los cincuenta años, tras atravesar un mal momento económico. Explicó que retomó obras que consumía “cuando era pibe”, pese a no tener previamente vínculos con el mundo artístico.
Durante la conversación, recordó sus inicios como expositor y afirmó que, al comenzar, buscó otorgarle a las ilustraciones “un viso de obra de arte”. “Las empecé a presentar enmarcadas, jerarquizándolas”, indicó. También repasó su primera muestra en la Biblioteca Nacional y relató cómo pasó de ser coleccionista a convertirse en un expositor reconocido. Además, habló de sus exhibiciones en países de América y Europa y de la concreción de su “gran sueño”, el Museo del Humor.
Maradei se refirió asimismo al nacimiento del Museo de la Ilustración Gráfica y destacó la contribución de la Fundación Tres Pinos en su creación. Sostuvo que la institución es “un continuador del Museo del Humor en cuanto a sus conceptos fundamentales”, y señaló que allí se exhibe parte de la colección del Museo del Humor junto con otras obras.
En el tramo final de la charla, analizó las transformaciones en los modos de difusión del trabajo de los dibujantes. “Han cambiado los sistemas de transmisión y los artistas, con su inventiva, van a tener que buscarle la vuelta, porque ahora las revistas no salen más”, afirmó. Señaló que el dibujo sigue vigente “en el acervo popular” y destacó que Argentina “todavía conserva las tres patas que tuvo desde el siglo XIX: los artistas, los editores y el público”.