Un reciente informe alerta por el crecimiento de la desigualdad entre países ricos y pobres. El estudio, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) da cuenta de que “las desigualdades entre países ricos y pobres han aumentado por cuarto año consecutivo”, y destaca que el progreso del desarrollo humano, que se mide por las libertades y el bienestar de las personas, “ha seguido siendo lento desde la gran conmoción que supuso la pandemia del COVID-19”.
En ese sentido, el PNUD asegura en su análisis que el aumento de tensiones comerciales y el “agravamiento de la crisis de la deuda” son factores que limitan a los gobiernos en su capacidad de invertir en políticas que mejoren la vida de la población, como por ejemplo en derechos como el acceso a la salud y la educación.
En el marco de la salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta por la incidencia de la desigualdad económica en la expectativa de vida de las personas.
En ese sentido, el trabajo destaca que “cuanto más desfavorecida es la zona en la que viven las personas y más bajos son sus ingresos y menos años de educación han recibido, peor será su salud y menor el número de años que vivan sanamente”.
La OMS hace énfasis en la existencia de “suficientes pruebas” que demuestran el incremento de “las inequidades en materia de salud”, y asegura que “las causas subyacentes de la mala salud a menudo se derivan de factores ajenos al sector de la salud, como la falta de vivienda, educación y oportunidades laborales de calidad”.