En momentos en que el avance de la inteligencia artificial genera debates sobre sus posibles consecuencias para la supervivencia de la humanidad, un informe de la ONU advierte sobre otro riesgo concreto: la IA puede aumentar la desigualdad mundial. El acceso a esta tecnología avanza de manera muy diferente entre los países del Norte y del Sur global.
Más de 1.000 millones de personas utilizan actualmente herramientas de IA, pero la incorporación de esta tecnología no se produce en condiciones iguales. Estados Unidos y China concentran buena parte del desarrollo de modelos avanzados y de la inversión en infraestructura, mientras numerosos países dependen de tecnología, datos y servicios desarrollados en el exterior.
La brecha también tiene una dimensión más básica: más de 2.000 millones de personas, casi un tercio de la población mundial, permanecen completamente desconectadas de Internet. En este escenario, la revolución tecnológica corre el riesgo de reproducir las desigualdades económicas existentes: quienes poseen capital, infraestructura y conocimientos pueden apropiarse de sus beneficios, mientras los sectores y países más pobres quedan nuevamente relegados.