10 agosto, 2016

Trabajo forzoso: el rentable negocio de la explotación humana

21 millones de mujeres, hombres y niños son víctimas del trabajo forzoso en todo el mundo, lo que les aporta a sus explotadores beneficios económicos ilícitos por 150 mil millones de dólares.

La explotación con fines sexuales sigue siendo la que acapara la mayor parte de este sórdido negocio, ya que comprende 100 mil de los 150 mil millones. Es decir que 2 de cada 3 dólares que produce la explotación mediante el trabajo forzoso los aporta el delito sexual.

Hombres, mujeres y niños siguen siendo engañados a diario y forzados a trabajar en condiciones laborales inhumanas, como la servidumbre por deudas, la prostitución y la explotación en trabajos domésticos.

Asia y el Océano Pacífico es la zona donde se concentra con creces el mayor número de trabajadores forzosos, unos 12 millones (56%) del total general, mientras que los países de Europa Central, Sudoriental y Oriental (sin incluir la UE) y la Comunidad de Estados Independientes (CEI) tienen la mayor tasa de prevalencia con 4,2 víctimas por cada 1.000 habitantes, de acuerdo a un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Las mafias de todo tipo son las que capitalizan este tipo de explotación, a la sombra de sistemas políticos y leyes que les garantizan impunidad para desarrollar su morboso plan de explotación.

La esclavitud constituye un grave abuso de los derechos humanos y un obstáculo importante para la justicia social. Es asimismo una afrenta a la humanidad y paralelamente uno de los negocios más lucrativos del mundo.

A 50 años: no olvidamos, no perdonamos

¡Presentes!

La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) comparte -como siempre- la lista de compañeras y compañeros desaparecidas/os por la dictadura cívico-militar que implantara el terrorismo de estado el 24 de marzo de 1976.

La UTPBA ayer, hoy y siempre, manteniendo viva la memoria

“Con vida los Queremos” es un libro parido en 1986 que constituye, junto a otras luchas y a quienes jamás se apagaron en la amnesia cómplice, un testimonio permanente. Con su vigencia renovamos todos los días el compromiso asumido por aquellos hombres y mujeres que desde la profesión periodística trascendieron los límites corporativos para luchar por una sociedad justa y un mundo mejor”