12 mayo, 2025

Víctimas elegidas

Por Eduardo Verona.

Periodista. Miembro de conducción de Utpba.

¿De dónde surgen los líderes con aspiraciones mesiánicas y contenidos homicidas capaces de proponer y alentar la descomposición social en las tribunas mediáticas y digitales?

El interrogante podría tener una respuesta de altísima complejidad. Pero la pregunta formulada no admite esa gran complejidad: surgen de la sociedad en la que viven y se desarrollan. No son extraterrestres extraídos de una película inolvidable de Steven Spielberg. Ni están iluminados por el fuego ni por un talento singular que los distinga. No tienen vuelo. No tienen autonomía. No tienen conocimientos que los respalden. Con sobreactuaciones flamígeras recitan letras y melodías ajenas ya ejecutadas en distintos paisajes y períodos históricos que conducen a la catástrofe social. Una catástrofe programada.

Es cierto, estuvieron antes, estuvieron siempre. Pero ahora las condiciones micro y macro que no son abstracciones sino realidades bien concretas, les ha permitido capturar fervores y adhesiones de millones de hombres y mujeres que advierten que, sin pausas, fueron arrojados a la basura.

¿A quién responsabilizan? A la institucionalidad del Estado. Y liberan de culpa al sistema, a los brujos más o menos sofisticados del mercado y por supuesto al capitalismo. No consideran ni quisieran considerar que para los disvalores y las reglas escritas del capitalismo (en su fase neoliberal más desatada y criminal) no son otra cosa que el descarte de la sociedad que vale la pena sacrificar en nombre de la modernidad globalizada.

Ese núcleo duro que celebra sin reservas ni mirada futurista la destrucción total de cualquier tipo de organización social, es la carne de cañón de los liderazgos mesiánicos. Son los primeros que caen (junto a tantos otros) en la figura guerrera de los daños colaterales. Encarnan, sin duda, el perfil o el psique du rol de las víctimas elegidas. Víctimas, muchas de ellas (no todas), inocentes. Que creen en la palabra y en la acción del hombre o la mujer predestinada. El salvador que no termina salvando a nadie de esa comunidad. Y que obedece a rajatabla a los mismos de siempre. A sus patrones y gurúes económicos y culturales. A los que le financiaron y financian el show bizarro mientras no se les ocurra orinar fuera del tarro.

¿Qué sería orinar fuera del tarro? Ablandarse como una milanesa. Dejarse ganar por los miedos nunca ausentes. Reducir la velocidad. Resignar la iniciativa. Ejercitar la duda y quizás en algún instante retroceder. A ese remedo trágico y patético del salvador con aspiraciones mesiánicas de ninguna manera le está permitido ser permeable a la emocionalidad positiva. Debe ser hasta el día del juicio final consecuente con su diseño y construcción. Funcionar siempre en clave de demolición anticipando las catástrofes en el caso que se intente vulnerar o postergar algunas de sus decisiones a favor del capital concentrado.

Todas decisiones en contra de su núcleo más cristalizado que admite otras conexiones y otras incontables víctimas de distintos espacios, clases y franjas etarias Ese mismo núcleo que acompaña al salvador desde el arranque. No el que se sumó después para acumular músculo político en el tablero parlamentario. Los desangelados que arrancaron la caravana representan el poder simbólico. El poder real se abastece con otro tipo de efectos y recursos. De la valorización financiera. De la bicicleta financiera. De la especulación y la estafa con raíces mafiosas y extorsivas. De los dólares que se hicieron pesos en depósitos bancarios o títulos públicos para luego reconvertirse en dólares cuando la corrida inminente (o ya desatada) derivará en estampida y en estruendo. El famoso carry trade ahora sin proyección, que precipita la urgencia del endeudamiento interminable atado a desembolsos de organismos internacionales cuya bandera de expoliación más notable es el FMI.

Esa alquimia de desangelados, desolados, indignados y decepcionados que solo le prodigan fe a un líder mesiánico, es muy probable que observen los fenómenos políticos con un nivel de ignorancia y de escepticismo extremo. Se perciben como sujetos apolíticos, pero su apoyo, su convicción y respaldo es claramente político. La negación explícita de la política es una evidente posición política que se nutre de las ultraderechas, caldo de cultivo clásico de los distintos experimentos esquizofrénicos que germinan a la luz de las nuevas plataformas de comunicación masiva. Desde allí se propagan. Y desde allí activan una agenda totalmente despojada de cualquier rasgo humanitario

.La sociedad, no en su conjunto pero sí vastos sectores, cobija y alienta la manifestación de personajes estrafalarios corridos a la derecha de la derecha. Esos sectores esperan soluciones, respuestas satisfactorias, guiños cómplices, señales empáticas. Pero no las van a tener. No está en la hoja de ruta. Ni van a estar.

En estas circunstancias no habría que desconocer que procesar y metabolizar la estafa, el fraude y el fracaso es una cuestión individual. En cambio, procesar la fe derrumbada en un líder mesiánico es un acto colectivo. Que se apaga hasta que el sistema, el mercado y las corporaciones intenten promover a un nuevo falso outsider (o a cualquier figura mamarrachesca) bendecida otra vez por las luces del capital. Salvo que un gran diluvio ilumine otro amanecer.

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Presidente de la FELAP.
Esta vez sí. Tubal Aceptó. En años anteriores prefirió que el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la Obra de la Vida recayera en otras compañeras y compañeros. Se trata del mismo Tubal, quien sin desmerecer la importancia de lo individual nunca dejó -deja- de luchar por lo colectivo y para el colectivo.

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Periodista y escritora. Miembro de Conducción de la UTPBA y Delegada Permanente a la FELAP.
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Periodista. Miembro de Conducción de UTPBA.
En la dictadura del algoritmo que determina enfoques y rumbos ideológicos, no hay países, no hay identidades, no hay legados históricos, no hay pasado, no hay símbolos. No hay memorias que se reivindiquen: solo hay territorios y personas a conquistar.