19 mayo, 2020

Coronavirus, el fantasma del futuro

Sergio D´Arco (*).- Mientras crece la discusión entre los Estados Unidos y China por saber de quién es la responsabilidad de la pandemia por el coronavirus, el Covid-19 sigue avanzando por el mundo dejando más de 300.000 muertos y casi cinco millones de contagiados.

Un virus tan pequeño, pero tan potente que viene a poner en jaque al mundo entero y también a dejarlo expuesto de la manera que lo está haciendo, obligándolo a que los planteos sean diferentes a los que se hicieran algunos meses atrás, corriéndole la máscara al capitalismo y al ejercicio de pensar en construir un nuevo mundo.

Hoy gran parte de nuestra sociedad – aunque parezca mentira- habla de construir un mundo distinto, con menos desigualdad. Reconociendo que existen riquezas obscenas, que todo no se compra, que algunas cosas no tienen precio y que es crucial el acceso a una vivienda digna. Que el encierro parece un castigo suficiente para los delincuentes, que los trabajadores que cuidan a otras personas deberían ser bien pagos, que el mercado es una trampa y que la solidaridad es la única salida. Que EE.UU. no salva al mundo, que vivimos vertiginosamente y que al final sólo quedan los afectos.

Un paradigma que hoy nos interpela y nos pone nuevamente en la disputa de lo colectivo frente a lo individual, más allá del avance de la tecnología y del conocimiento.

Quizás el miedo a la muerte por una enfermedad que hoy no tiene cura nos haga pensar en barajar y dar de nuevo, poniéndole límites a la acumulación y haciéndonos dar cuenta que muchos de nuestros consumos son superfluos.

Ese mundo, dónde tengamos una mirada en el bien común pensando en los otros, porque si todos no somos felices es muy difícil que uno pueda serlo, mirando a un futuro mejor y rescatando la importancia de una sociedad organizada.

En tanto, hay algunos que se resisten y afirman que nada va a cambiar y todo volverá a ser como antes cuando el coronavirus sea controlado y se disfrazan por la noche de “caceroludos” en el balcón de algún edificio.

Sin embargo, el virus está y es bien democrático. No pide permiso, no pregunta si sos rico o pobre, ni dónde naciste,  ni tu color de piel. Se llama covid-19 y por ahora nos obliga a leer los partes diarios del Ministerio de Salud, para ganar tiempo y poner en manos de los científicos la esperanza de controlarlo con una vacuna.

El presidente de la nación Alberto Fernández, a través de una carta, llamó a cuidar lo conseguido y exhortó a celebrar los logros alcanzados como sociedad cuando el coronavirus haya terminado

La cuarentena ayuda a reflexionar y recordar ese cuento de Cortázar -“Autopista al Sur”- dónde habla de un importante embotellamiento de tránsito que dura un tiempo indeterminado y esto hace que los automovilistas se organicen para conseguir comida, obtener información y proteger a los enfermos.

Hasta que un día ese conflicto termina, los autos comienzan a moverse y avanzan indefectiblemente hacia adelante. Cortázar se pregunta si aquello que fue el embotellamiento de varios días, y que nadie eligió, será en adelante el mejor camino.

(*) Periodista. Miembro de Conducción de la UTPBA.

Arder o apagarse

Por Eduardo Verona.

Periodista. Miembro de conducción de UTPBA.
“Solo se puede elegir oxidarse o resistir”, grababa Javier Martínez en 1970 una de las estrofas de la  canción Una casa con diez pinos. Este artista multifacético, que murió el pasado 4 de mayo a los 78 años, fue líder espiritual y creativo del extinguido y muy valorado trío Manal.

Felap: “Prensa Latina marca ruta del compromiso periodístico”

“Desde su fundación, como una iniciativa del eterno comandante Fidel Castro y del Che Guevara junto al periodista Jorge Ricardo Masetti, al que se unieron otras figuras identificadas con las causas de los pueblos oprimidos, Prensa Latina ha marcado un rumbo certero”, expresó Juan Carlos Camaño, presidente de la Felap.

La guitarra en el puño izquierdo

Por Ana Villarreal.

Periodista y escritora. Miembro de Conducción de la UTPBA y delegada a la FELAP.
El lecho del río Olimar, tal vez, tenga la mayor licencia para escuchar el bordoneo de su guitarra enmudecida. Y es porque el Pepe Guerra, desde su voz fuerte y tierna, con certezas de poeta se lo anduvo prometiendo en la canción