7 octubre, 2020

Covid -19, un flagelo que va y vuelve

Más de un millón de personas han muerto en el mundo por Covid-19 y más de 36 millones se han contagiado con el virus. Demasiadas incertidumbres científicas, sociales, económicas, recorren la vida cotidiana de miles de millones de seres humanos, a la par que crecen y decrecen las expectativas en torno a la aparición de la, o las, vacunas que todo lo puedan.

Mientras tanto se erigen espectrales no pocas ciudades fantasmas y al mismo tiempo mujeres y hombres desafían los peligros en los lugares públicos porque no se admite -también con justa razón- que los confinamientos ganen la pulseada.

¿Dónde está el virus? Dicen que a una distancia nunca del todo precisada y que está en el piso, en los vasos, las mesas, la ropa, que ataca la boca, la nariz, los ojos y que se conchaba en las góndolas de los supermercados, en el dinero, en las tarjetas de débito, en las de crédito, en la madera, en el acero inoxidable… 

Ante tanto trajín para tratar de evitarlo no nos olvidemos el barbijo, un distanciamiento de más de dos metros, lavarnos las manos con jabón más de una vez al día y del alcohol en gel.   

Arder o apagarse

Por Eduardo Verona.

Periodista. Miembro de conducción de UTPBA.
“Solo se puede elegir oxidarse o resistir”, grababa Javier Martínez en 1970 una de las estrofas de la  canción Una casa con diez pinos. Este artista multifacético, que murió el pasado 4 de mayo a los 78 años, fue líder espiritual y creativo del extinguido y muy valorado trío Manal.

Felap: “Prensa Latina marca ruta del compromiso periodístico”

“Desde su fundación, como una iniciativa del eterno comandante Fidel Castro y del Che Guevara junto al periodista Jorge Ricardo Masetti, al que se unieron otras figuras identificadas con las causas de los pueblos oprimidos, Prensa Latina ha marcado un rumbo certero”, expresó Juan Carlos Camaño, presidente de la Felap.

La guitarra en el puño izquierdo

Por Ana Villarreal.

Periodista y escritora. Miembro de Conducción de la UTPBA y delegada a la FELAP.
El lecho del río Olimar, tal vez, tenga la mayor licencia para escuchar el bordoneo de su guitarra enmudecida. Y es porque el Pepe Guerra, desde su voz fuerte y tierna, con certezas de poeta se lo anduvo prometiendo en la canción