3 mayo, 2016

La FELAP en sus 40 años

Ni ajena, ni callada, ni neutral

El 7 de junio de 1976, en México, fue fundada la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP.

Hoy, a cuarenta años de aquel día, la organización más relevante del continente continúa comprometida con los intereses de los trabajadores de la prensa y en lucha contra quienes en el mundo de la información y la comunicación monopolizan y controlan la palabra y las imágenes, así como las finanzas, la economía, la cultura y la política.

Esa lucha, dada por la FELAP en las redacciones y fuera de ellas, constituyó –y constituye- durante cuatro décadas una clara evidencia de defensa irrestricta de los derechos humanos.

Al cabo, el nacimiento de la FELAP obedeció a la necesidad de cientos, miles, de periodistas de protegerse frente a las salvajes dictaduras militares y a la vez denunciarlas ante la opinión pública mundial por sus crímenes de lesa humanidad.

En las denuncias de esos tiempos iniciales se manifestaba que las dictaduras en distintos países respondían a la política imperialista de EE.UU.

Los diferentes golpes de Estado tuvieron una misma matriz, un mismo formato, un único fin: exterminar a los luchadores populares –entre ellos periodistas- para, luego, aplicar mediante el terror un plan económico y social con el sello del neoliberalismo-capitalismo-imperialismo.

Entre los dieciséis principios fundacionales, además de declararse antiimperilista, anticolonialista, popular y democrática, la FELAP “Afirma su decisión de luchar por las reivindicaciones

profesionales que procuren mejores condiciones de trabajo y vida y por la defensa integral de los derechos profesionales y gremiales”.

En su Declaración de Principios, la FELAP se pronuncia como una organización “antifascista y “se opone a todo régimen de terror inspirado en la opresión del pueblo”. En otro párrafo sostiene “que la formación cultural y la educación deben orientarse con sentido crítico, cuestionante y liberador, para coadyuvar a la lucha de los pueblos; por lo tanto, deben estar al alcance y en consonancia con los intereses de las mayorías nacionales”.

De los primeros años de la FELAP y de gran parte de su desarrollo vital y ejemplar, se destacan, entre otros compañeros fundadores de la organización: Eleazar Díaz Rangel, quien fuera el Primer Presidente y que actualmente, siendo Presidente de Honor, es Director del periódico Últimas Noticias de Caracas; Germán Carnero Checa, primer Secretario General, fallecido; Hernán Uribe, Presidente de Honor, ex Presidente de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP-FELAP) y Ernesto Vera, en su momento Vicesecretario General y luego Presidente de Honor, recientemente fallecido. Fue Presidente,Secretario General y “timonel” de la FELAP durante muchos años, el compañero Luis Suárez, fallecido.

Todos ellos hicieron, hacen, grande y digna a la FELAP. Fueron, son, referentes en la labor profesional y en la entrega a la hora de organizar la verdad contra la mentira organizada. Casi siempre en la adversidad, demostraron, con sus distintas características personales, convicción ideológica, sentido crítico e inconfundible identidad de clase.

Arder o apagarse

Por Eduardo Verona.

Periodista. Miembro de conducción de UTPBA.
“Solo se puede elegir oxidarse o resistir”, grababa Javier Martínez en 1970 una de las estrofas de la  canción Una casa con diez pinos. Este artista multifacético, que murió el pasado 4 de mayo a los 78 años, fue líder espiritual y creativo del extinguido y muy valorado trío Manal.

Felap: “Prensa Latina marca ruta del compromiso periodístico”

“Desde su fundación, como una iniciativa del eterno comandante Fidel Castro y del Che Guevara junto al periodista Jorge Ricardo Masetti, al que se unieron otras figuras identificadas con las causas de los pueblos oprimidos, Prensa Latina ha marcado un rumbo certero”, expresó Juan Carlos Camaño, presidente de la Felap.

La guitarra en el puño izquierdo

Por Ana Villarreal.

Periodista y escritora. Miembro de Conducción de la UTPBA y delegada a la FELAP.
El lecho del río Olimar, tal vez, tenga la mayor licencia para escuchar el bordoneo de su guitarra enmudecida. Y es porque el Pepe Guerra, desde su voz fuerte y tierna, con certezas de poeta se lo anduvo prometiendo en la canción