3 agosto, 2016

La hospitalidad en el Eje del Mal

Por Leticia Amato (*).- Una libreta color turquesa, el gesto compungido, incluso el look “casual” dado por la gorra con visera y los pantalones de jean, no le quitan cierta solemnidad impostada al viaje relámpago del premio nobel por las zonas “conflictivas” de la ocupación israelí.

Como si fuera ya el único recurso que le queda, su crónica “documental” carece de todo menos de eufemismos, tibias frases hechas, harto conocidos lugares comunes, y claro, simplificaciones al estilo “hace falta más voluntad y más imaginación para encontrar una salida.” En un arrojo de honestidad brutal, mientras se reclina en un sillón delante de un regio y florido jardín, declara frente a la cámara “lo que se puede hacer por las injusticias, es muy poco”, y gracias a un agudo poder de observación explica el erudito que “los problemas se han agravado desde la última vez que estuve en Jerusalén (seis años atrás).” Afortunadamente, el Nobel viene a revelarnos toda una novedad.

Entonces, luego de ver el tan promocionado “documental”, y a fin de contrarrestar el efecto de fútil vacuidad que deja en el espectador, acude en auxilio el recuerdo del libro “Vagabundeando en el Eje del Mal” (primera edición 2009) del escritor y viajero de origen marplatense, Juan Pablo Villarino.

En un texto que no se deja clasificar, aunque advierte el autor que “entre tapa y contratapa no se aloja ficción alguna, suficientemente fantástica es la realidad”, Villarino brinda a través de las crónicas recogidas durante el año que duró su travesía, un conocimiento paulatino (que se va profundizando gradualmente a medida que se avanza en la lectura) sobre la realidad en la que viven cotidianamente los hombres y mujeres que habitan los pueblos que conforman, según el gobierno de los EE.UU, el “eje del mal”. Precisamente, el viaje y también el libro, comenzaron a gestarse la noche del 29 de enero de 2002 cuando, el por entonces presidente de los EE.UU. George W. Bush, declaraba que “los Estados como Irak, Irán y Corea del Norte, y sus aliados terroristas, constituyen un Eje del Mal, que intenta amenazar la paz mundial…”

Motorizado por la convicción de que las grandes empresas de comunicación construyen un estereotipo de hombre musulmán, cuyo patrón está regido por el fundamentalismo religioso y a quien, paradójicamente, satanizan, encara el desafío de conocer la región en primera persona. “En el presente escenario de manipulación de la información por parte de los medios masivos, considero el viaje como un elemento de salud, en tanto otorga un conocimiento no distorsionado del mundo”. Por otro lado, lo impulsó la seguridad de que la hospitalidad de esos pueblos posee incomparables magnitudes. “Debo decir que ojalá, el resto del mundo se vuelva por arte de magia tan hospitalario, magnánimo y protector como la gente que vive en el erróneamente llamado eje del mal”. Lejos pues de pompas y platillos, en lo que parecería a priori una empresa demencial, Juan Pablo Villarino se propuso recorrer en soledad y practicando autostop, algunos de los países de Medio Oriente que formaban parte –lo siguen haciendo- del maquiavélico eje: Afganistán, Irán, Irak, Siria pasando también por Turquía, Egipto.

Villarino conjuga un lenguaje simple y dinámico para describir las complejas coordenadas de tiempo y espacio que va atravesando, retratando mediante historias mínimas –y también muy bien logradas fotografías- lo mejor de cada pueblo. De esta forma, sin mayores pretensiones, nos adentra en una región cuyos conflictos parecen estar presentes a toda hora pero, al mismo tiempo, resultan ajenos, difusos en la bruma del palabrerío multimediático. Colores, aromas y sabores se combinan sutilmente en sus relatos generando un sinfín de imágenes que nos permiten descubrir esos mismos pueblos que Villarino recorrió. “Cada hombre que me lleva a su aldea en moto o tractor, enseguida me contacta con otra persona que viaja hacia la aldea siguiente. Siempre sonríen y cuando intento agradecerles se llevan la mano al pecho y bajan la cabeza. Algunos hasta se emocionan. Sin embargo hay algo que me llama la atención, y es que los iraníes, y los musulmanes en general, no parecen ser conscientes de lo hospitalarios que son.”

El texto constituye un verdadero aporte al conocimiento auténtico de la realidad de la región y contribuye además, a deconstruir la mirada europeizante, pseudo naif de los documentales express.

(*) Periodista, integrante del Centro de Integración Latinoamericano y Caribeño (CILC)

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