11 abril, 2024

“La Revolución de los Claveles”, en palabras del coronel Vasco Lourenço (Parte l)

Entrevistó Juan Carlos Camaño.

Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas – FELAP-.

P-¿Qué análisis objetivos y subjetivos hicieron ustedes para intentar y lograr el derrocamiento de Salazar? (*) ¿Qué caracterización de la situación social hicieron antes de dar el primer paso? 

Coronel Vasco Lourenço

R– Durante la dictadura en Portugal siempre hubo una fuerte oposición, en la que participaron militares y civiles. Principalmente civiles. Y hubo varios intentos de derrocar la dictadura. Sucedió que, en 1961, comenzó la Guerra Colonial en Angola. Y fue una guerra que duró trece años. Luego, en Guinea, que comenzó en 1963. Y luego en Mozambique, en 1964. Pero, antes de eso, hubo una situación que fue muy traumática para los militares. Fue la invasión por parte de la Unión India de algunos territorios que Portugal tenía en la India: eran, por tanto, colonias que la Unión India quería recuperar.  

Portugal, todavía bajo Salazar, no quiso negociar y, las fuerzas armadas portuguesas en esos territorios -que rondaban los 5000 hombres- dieron órdenes de enfrentarse a un ejército que superaba los 100 mil hombres. Y Salazar dijo que los militares portugueses sólo tenían dos maneras de regresar: victoriosos o muertos. Está claro, las fuerzas portuguesas se rindieron.  

P- Una para nada sutil manera de no cumplir la sentencia: ni victoriosos, ni muertos…  

R- El gobierno consideró culpables a los militares por no haber sabido defender esos territorios y cuando los soldados regresaron, fueron despedidos y arrestados. Y ésta fue una huella que quedó en el ejército portugués. A medida que avanzaba la guerra, empezó a surgir naturalmente la defensa de que la solución a la guerra no era un problema militar. Era un problema político. 

Además, la guerra colonial fue una guerra específica de ocupación de tierras y de guerrillas y la organización del lado portugués se basó fundamentalmente en compañías comandadas por capitanes.  

El capitán era el elemento fundamental en la estructura de la guerra y adquiría gran experiencia para la resolución de diversos problemas. Por lo tanto, había conciencia de que el poder en Portugal se estaba preparando; además, se sumaba la situación militar en Guinea [Bissau] que comenzó a complicarse mucho, el PAIGC [Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde] había recibido misiles tierra-aire y había comenzado a derribar aviones portugueses. 

Coronel Vasco Lourenço y Juan Carlos Camaño.

P- Cuando habla de conciencia, ¿únicamente se refiere a los militares, o también a una mayoría social? 

R- Me refiero únicamente a los militares profesionales del Estado Mayor Permanente. Los capitanes fueron los más llamados a intervenir. Eran profesionales. Todo empezó, esencialmente, en un congreso de excombatientes. El poder organizó un congreso, en 1973, en Oporto, es decir, un año antes del 25 de abril de 1974, allí se definió que la solución a la guerra era continuar la guerra. 

Hay un principio que suelo afirmar: las fuerzas armadas nunca en cualquier parte del mundo han declarado la guerra. Siempre es el poder político el que declara la guerra.  

Nosotros preparamos entre los oficiales, donde ya la gente empezaba a defender el criterio de que la solución tendría que ser política, y se hizo una movilización para ese congreso donde queríamos defender esta idea. 

Y cuando los organizadores se enteraron de esto, lograron que los jefes militares prohibieran a los militares del Cuadro Permanente participar en este congreso.  

Ahora bien, estos precisamente no fueron considerados combatientes para participar en el congreso. Los demás, civiles, que iban una vez y regresaban, eran considerados combatientes. Ante esta situación, nosotros, que nos preparábamos para ir al congreso a defender que la solución era política, y no militar, promovimos una petición, un documento, en el que hicimos una declaración muy simple: “Declaro que no tengo nada que ver con las conclusiones que se sacaron en el congreso”. Fue una actitud de indisciplina. Como militares, no podíamos emprender una acción colectiva, pero recogimos más de 400 firmas. 

 Y luego, también hicimos un telegrama muy simple, que fue enviado a los organizadores del mencionado congreso, diciendo, en nombre de más de 400 oficiales, “que no tenemos nada que ver con lo que ustedes están discutiendo ni con las conclusiones que sacan”. Y el congreso no surtió efecto.  

A raíz de todo esto, el gobierno, que ya empezaba a tener grandes dificultades para reclutar oficiales para el puesto de capitán, decidió intentar reclutar alférez: civiles que ya habían luchado en la guerra. Ingresarían a la Academia Militar y en lugar de cuatro años, harían dos semestres, por lo tanto un año, y superarían a los del Cuadro Permanente que ya habían estado en la guerra. 

Esto generó una reacción corporativa muy fuerte. El Decreto-Ley salió el 13 de julio de 1973 y nosotros, el 9 de septiembre de 1973, ya estábamos realizando una reunión clandestina, en la que participaron 136 oficiales y se creó el Movimiento de Capitanes. La mayoría de los que fuimos allí sólo estábamos pensando en temas de carácter corporativo, pero ya teníamos una estrategia. Es decir, no discutiríamos cuestiones corporativas, sino el hecho de que las Fuerzas Armadas, y en concreto su Ejército, estaban desprestigiadas ante la población portuguesa. 

P-¿Se presentaba una brecha lo suficientemente interesante para ir a fondo o para dar pasos de ensayos, tanteos?    

R- Nos preparábamos para acciones que nos permitieran recuperar el prestigio de las Fuerzas Armadas entre la población portuguesa. Fue fácil hacer entender a la gente que esa era la realidad y usamos esta bandera, por así decirlo, con dos propósitos: uno, atraer más oficiales al movimiento, y el otro, servir de camuflaje ante los jefes militares y políticos. Para que no pensasen que estábamos hablando de política. Y realmente estábamos debatiendo el prestigio de las Fuerzas Armadas.  

Yo, personalmente, pasé por algunas situaciones críticas ante jefes militares y el secretario de Estado del Ejército. Me dijeron: “ustedes están haciendo reuniones clandestinas”.  

“No, decía yo, estamos discutiendo cómo podemos recuperar el prestigio de las Fuerzas Armadas entre la población”.   

 Después de aquello nos preguntamos: ¿por qué no tenemos prestigio entre la población? Si incluso estamos haciendo la guerra, ¿por qué no le agradamos a la población? 

P- En medio de tanto ajetreo y de tanta “indisciplina” ¿qué tipo de expresiones públicas manifestaban Salazar o algunas de sus principales espadas políticas y militares? 

 R- Salazar ya no existía, no había renunciado pero en general no se expresaba. Otros en el gobierno se preguntaban ¿Cómo recuperar el prestigio? Algunos de ellos estaban abriendo los ojos. Nosotros sí teníamos una respuesta: “dar un golpe de Estado, derrocar al régimen, crear las condiciones para resolver el problema de la guerra y hacer que exista la democracia en Portugal”.  

Y tuvimos la sabiduría -y podemos estar orgullosos- de no correr el peligro de dar un golpe de Estado sin tener un programa político.  

Coronel Vasco Lourenço, Juan Carlos Camaño, Martins Morim en la
sede de la Asociación 25 de Abril, en Lisboa.

P- En síntesis ¿cuál era ese programa político y cómo lo dieron a conocer, en que instancia, ante quiénes? 

R- Inmediatamente, en un proceso ordenado, comenzamos a presentar el programa político encaminado a plasmar la famosa fórmula de las tres D: Democratizar, Descolonizar y Desarrollar.  

Con la libertad como telón de fondo llevamos a cabo el 25 de abril con características propias, que la convierten en la operación militar mejor preparada y mejor ejecutada que jamás se haya llevado a cabo en Portugal. Teníamos siempre presente el fallido intento de golpe del 16 de marzo por fallas de coordinación. El 25 de abril todo se llevó a la práctica, inclusive sin oposición seria, muy pocos, casi nadie, respondió al llamado del gobierno.  

El objetivo principal, que finalmente nos llevó a hacer lo que hicimos, fue la necesidad de resolver el problema de la guerra colonial. Y tengo la opinión de que sin la guerra colonial no habría habido el 25 de abril.  

P-¿Cómo y cuándo aparecen los claveles que le ponen nombre a la Revolución? 



-Continuará, Parte ll, en la próxima edición.
(*) Dictador portugués, que ejerció como primer ministro entre 1932 y 1968 e interinamente la Presidencia de la República en 1951. Fue la cabeza y principal figura del llamado Estado Novo,
que abarcó el periodo 1926-1974.


-La UTPBA agradece al compañero Martins Morim, periodista portugués, las gestiones que facilitaron la realización de la presente entrevista.   

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