8 septiembre, 2020

Capitalismo sin maquillaje

Entrevistó Gustavo Vargas (*).- Como suele suceder por estos tiempos,un artista es más reconocido por el éxito o el fracaso de su carrera, que por el propio contenido de la misma. Luisa Kuliok, en este caso,es una actriz más vinculada a las telenovelas que a su extensa trayectoria teatral, carrera que forjó bajo la dirección de grandes directores que excedieron las salas y los escenarios: Agustín Alezzo, Helena Tritek, Lía Jelín y Juan Carlos Gené, entre otros.

La actriz participó en más de 30 obras de teatro, 25 telenovelas, series y unitarios en la televisión argentina y en 7 películas del cine nacional.

En esta entrevista, Kuliok analiza la actual situación de pandemia, cómo afecta a las trabajadores y trabajadores,  al desarrollo de la industria de la actuación en general, y reflexiona también sobre cómo la grave situación sanitaria, económica y social expuso las desigualdades existentes.

-¿Cómo estás atravesando esta situación en términos profesionales?

-La tarea de la actuación implica inevitablemente, y ese es su tesoro, el trabajo en comunidad. Y con eso, una complicidad y entrega física de presencia absoluta. La imposibilidad de encontrarse en estos momentos es, a mi ver, un tajo que hiere en el centro mismo de la esencia de nuestro trabajo. Sin embargo, y de eso se trata la vida, ese tajo que resiente y lastima, también es la brecha para abrir la imaginación a otras transversalidades de nuestro más profundo ser.

En cuanto a la subsistencia de quienes participamos del mundo de la interpretación, sea en teatro, cine, televisión, las dificultades son enormes. Es un trabajo con enormes matices en las estructuras e ingresos económicos, y desde luego no hablo sólo de actores y actrices sino de cada unos de los rubros que confluyen en estos trabajos. Entonces, hay quienes pueden contar con ahorros y otrxs están inmersos en situaciones extremas. Acompaña la gran solidaridad y la convicción de que sólo entre todxs sostendremos este presente y el futuro a construir…

-¿Cómo imaginás el futuro de la profesión actoral?

– En principio es indispensable que se activen todas las gestiones para que nuestro Derecho de la Propiedad Intelectual tenga en forma urgente la legislación que le corresponde en todas las plataformas. Es un Derecho mundial que corresponde a todxs lxs intérpretes. Es una dura lucha en oposición a los intereses que siempre despliegan los grandes monopolios desestimando la creación personal, única, que cada trabajador, cada trabajadora imprime a su personaje. Se reproduce infinitamente nuestro trabajo en las plataformas digitales sin que nosotrxs percibamos ningún beneficio y, mientras nos usan, ellos engordan sus arcas.

En cuanto a lo concreto de la profesión, entiendo que el alma del teatro es la comunión de los cuerpos, las sensibilidades de actores y público compartiendo juntos algo inefable y excepcional en un mismo espacio de lugar y tiempo.

Esa es la memoria que se construye y vibra para sostenernos en nuestras humanidades y emociones de cada día, de cada sueño. Nuestro compromiso hacia adelante es sostener ese estado de presencias y transformaciones.

-¿Qué reflexión deberíamos hacer como sociedad en relación con esta situación de pandemia?

– La última pregunta exigiría una larga respuesta. Y teniendo en cuenta todas las preguntas que han recrudecido en esta situación de pandemia. Preguntas y reflexiones viejas que hoy quedan expuestas en toda su dimensión.

Al menos diré, que estamos en un momento de lacerante desnudez. El capitalismo muestra su cara sin maquillaje y las injusticias del mundo estallan ante nuestros ojos con una potencia nueva que se pretendía esconder entre el ruido, las mentiras y la “locura” cotidiana.

Es momento de detenerse a pensar, tomar el coraje de repensarnos como parte de un todo, indispensables cada uno, cada una, y con el derecho inalienable de nuestro lugarcito en el planeta.

En una obra de teatro llamada “Nuestro pueblo” que hicimos con dirección de Agustín Alezzo allá por el año 1978, había un relator que decía en un momento: “Cada persona que nace es el intento de la Naturaleza por hacer un ser humano perfecto”.

Sabemos que lograr eso es imposible, pero sin duda, ese debe ser nuestro imperativo hacia el mundo de convivencia y dignidad que nos merecemos.

(*) Secretario de Prensa de la UTPBA.

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