14 junio, 2021

Poesía con el puño levantado

Por Ana Villarreal (*).- Llamó su “universidad” a la prisión franquista. Y supo decir, con similar carga de ironía, que su profesión era la de preso. Marcos Ana, el poeta comunista español, pasó 23 años de su vida encarcelado por su lucha antifacista.

En la “universidad” de Burgos, un día, alguien le comenzó a pasar hojitas de papel, escondidas en su petate, con poemas de Antonio Machado, Pablo Neruda y Rafael Alberti. Y otro día, la entrega fue la de una imagen de Lenin, también arrancada del cuerpo de algún libro.

En abrazo simultáneo a las márgenes de un mismo río, aprendió el pulso de la sobrevivencia. Tanto al descubrir el ritmo de la poesía, como en distinguir el propósito de las visitas de los guardias, por la firmeza y el compás de su andar. Y así, saber, con antelación, si éstos venían por el control rutinario en busca de los compañeros que, a partir de ese momento, tendrían su última madrugada.

En la prisión fue el responsable de organizar a los presos en comunas. Y en esas “distancias cortas y verticales”, condenado dos veces a la pena de muerte, fue testigo de miles de fusilamientos. Confesó que, en más de una oportunidad, dialogó con aquella imagen de Lenin, para prometerse la misma fuerza y entereza de sus camaradas, quienes se despedían de la vida con el puño izquierdo levantado.

Cuando le otorgaron la libertad, ya en París, declaró que Marcos Ana y Fernando Macarro Castillos, el de los registros legales de intramuros, eran la misma persona. Aclaró también que el seudónimo Marcos Ana, firmante de los cientos de poemas, que salían como podían de la cárcel, era un homenaje a sus padres jornaleros, Marcos Macarro y Ana Castillos.

Fueron esos poemas, que atravesaron fronteras y que se convirtieron en clamor por la liberación de los presos del franquismo. Los mismos que avivaron el interés y el reclamo de organismos y personalidades destacadas en el resto del mundo como Fidel Castro, Rafael Alberti y Pablo Neruda.

En 1961, a pocos días de iniciado su exilio, fundó en Francia el Centro de Información y Solidaridad con España, que presidió Pablo Picasso. Y la militancia activa lo llevó a visitar Cuba, Chile y Argentina, entre otros países.

Una de sus últimas obras Decidme cómo es un árbol, novela y poesía autobiográfica, con el prólogo de su amigo José Saramago, fue publicada en 2007.

“Marco Polo, el ciudadano de la vía láctea”, como lo llamaba su amigo Rafael Alberti, dejó este mundo a los 96 años, horas antes de la partida de su camarada Fidel Castro, el 24 de noviembre de 2016.


(*) Periodista y escritora. Miembro de Conducción de la UTPBA y delegada a la Federación Latinoamericana de Periodistas –FELAP-.

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