24 mayo, 2018

102.018 Odisea Finlandia

“Lo que quedará después de nuestra civilización será, pues, olvido y silencio. Y un veneno escondido en las profundidades de una catedral donde nunca podrá entrar la luz” (Henning Mankell).

Por Leticia Amato (*).- ¿Es posible viajar hacia el futuro? Claro que sí, lo han demostrado escritores, cineastas, científicos. ¿Es posible imaginar el mundo y a la especie humana dentro de este mundo en los próximos 100, 200, 500 años? Seguramente. Sin embargo, la imaginación encuentra límites allí donde las conjeturas no llegan, el tiempo empieza a ser una variable difusa, casi indescifrable y la existencia de la vida -y del hombre-, acaso un gran interrogante. Pensar en la humanidad en los próximos 100.000 años no es una tarea que pronostique buenos augurios.

Finlandia es un país que, según muestra la actual confección del mapamundi, está situado al noreste del continente europeo y limita con Suecia, Noruega y Rusia. Es miembro de la Unión Europea desde 1995.

Cifras del Banco Mundial indican que Finlandia es uno de los diez países más ricos del mundo por renta per cápita. Su tasa de desarrollo económico es de las más altas de los países industrializados de Europa. Ostenta también altos niveles de inversión de capitales, máximo desarrollo tecnológico, atención a la sanidad, excelente bienestar y seguridad para sus habitantes. Incluso se asegura que el mayor patrimonio de los finlandeses es su acervo cultural ya que sus habitantes leen un promedio de 47 libros al año.

Finlandia es, según parece, una panacea por doble vía: el paraíso terrenal del desarrollo económico capitalista y, además, el modelo ideal de desarrollo en materia de calidad de vida humana.

No obstante, poco se escucha en el país de Papá Noel, acerca de la construcción del depósito nuclear más grande del mundo.

Onkalo, ubicada en la región de Lapland, es la ciudad finlandesa en la que se concibe el emprendimiento que aspira a hospedar residuos nucleares, dañinos para todos los seres vivos que habitamos este planeta (ya no sólo para los finlandeses), por un lapso de tiempo cercano a los 100.000 años. Este dato que parece más propio de un texto de ciencia ficción distópico, corresponde a la más pura –y cruda- realidad. Se trata de un proyecto que comenzó en el año 2011, con la excavación de túneles que penetran en lo profundo de las montañas de Onkala, donde se depositarán las grandes masas de residuos atómicos.

El emprendimiento privado que desafía los límites de la razón se encuentra a cargo de la empresa Posiva, cuya pretensión es la de ser garante y guardiana de la materia nuclear que se desecha, por un lapso de tiempo que duplica al tiempo que lleva hasta aquí viviendo, la humanidad. Vale decir que nuestra especie habita la tierra desde hace, apenas, 50.000 años y que los residuos nucleares generados por ésta, nuestra especie, serán guardados en las entrañas de Onkala durante los próximos 100.000 años.

Una de las -pocas- voces que, a su manera, lúcida e incansable, denunció esta suerte de descenso a los infiernos de la basura radioactiva, fue la del escritor sueco Henning Mankell, quien en múltiples ocasiones manifestó su preocupación:

El olvido es oscuridad. Queremos extinguir toda la luz de la memoria que nos puede recordar que, quienes hoy estamos vivos, enterramos -u olvidamos- un día en el corazón de la montaña aquello de cuya existencia no queríamos que supieran nada las generaciones venideras, mucho menos que pudieran detectarlo y, finalmente, encontrarlo. Los países “más desarrollados”, han encerrado un peligroso trol en la montaña que va a vivir miles y miles de años. Toneladas de basura nuclear debajo de las alfombras del siglo XXI.

Una vez más comprobamos, entre otras cuestiones, cómo la realidad, con creces, supera a la ficción. De esta forma Onkala, Finlandia, Europa, se convierte en una usina de posible contaminación nuclear que amenaza al resto del mundo y también al futuro, si lo hubiere, de cientos de generaciones venideras de seres vivientes.

(*) Periodista. Secretaria de Asuntos Profesionales de la UTPBA e integrante de la Secretaría de la Juventud de la FELAP.

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Dudar cada vez mejor

Por Catalina Camaño Amato.

Comunicadora. Docente en Filosofía. Secretaria de Cultura de la UTPBA.
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