24 abril, 2026

Dudar cada vez mejor

Por Catalina Camaño Amato.

Comunicadora. Docente en Filosofía. Secretaria de Cultura de la UTPBA.

Algo emocionante de la filosofía es la capacidad de extraer conceptos interesantes de cada autor, si se la trata con caridad y cuidado. Pensadorxs con quienes no se comparte ideológicamente en su totalidad, pueden sin embargo aportarnos mucho, pues, en definitiva, en tanto nos hagan pensar y hacer preguntas estaremos cumpliendo nuestra misión filosófica.

¿Qué tiene que ver Descartes con nuestro mundo? ¿Por qué indagar en la historia de la filosofía puede ser una puerta para entender la actualidad? ¿Es posible traer conceptos del siglo XVII a nuestra posmodernidad líquida?

Se dice que los clásicos son clásicos porque nunca pasan de moda. Descartes es, sin lugar a dudas, un clásico (no en el sentido helénico de la palabra).

El momento en que surgió su pensamiento fue una época convulsionada: entre la Reforma luterana, los viajes a América, el redescubrimiento de textos escépticos y el desarrollo científico propulsado por Galileo. Una crisis de la razón, la verdad y la autoridad. Podríamos pensar que también hoy estamos en una crisis respecto de dichas cuestiones: verdades múltiples, identidades fragmentadas, ausencia de sentidos y de criterios.

En uno de los hits del autor, el Discurso del método, René nos cuenta sobre la búsqueda de su camino (método viene del griego méthodos: camino). Buscará un conjunto de reglas, un método, que le permitan llegar a la verdad. Una de esas reglas es dudar.

El filósofo decía que era indispensable dudar, incluso cuando la duda no se presentase naturalmente a nuestro espíritu. Hay que dudar con voluntad. Ese es el primer paso del camino.

Descartes nos propone dudar de los saberes aprendidos. Él mismo pone en duda las disciplinas en las que fue instruido, ya que al todas tener ventajas y desventajas, no le es posible confiar plenamente en ninguna. También nos cuenta que se sumergió en los viajes, y eso sólo lo llevó a dudar aún más: ahora de la moral. Los viajes le han dado la posibilidad de ver otras formas de vida. ¿Cómo decidir cuál es la correcta entonces?

Inmerso en la incertidumbre de no tener un criterio para creer en una autoridad que le diera una verdad, llegó a la conclusión de que la única opción es arribar por su propia cuenta a ella, sólo con su razón. Mientras tanto, nos dice, suspenderá el juicio; no afirmará ni defenderá ninguna verdad por sobre otra. Es como si hubiese hecho una depuración de todo lo aprendido, para desde allí intentar llegar a algo de lo que no pueda dudar.

Quizás todxs deberíamos hacer en algún momento de nuestras vidas un paso por la duda cartesiana para ejercitar el pensamiento y constituirnos como sujetos activos, libres, pensantes: cuestionar las verdades dadas, las autoridades, buscar nuestros propios caminos –que, por suerte muchas veces, coinciden con los de otrxs–.

En esta búsqueda filosófica de extraer concepto de cada pensador, es posible aún hoy, casi 400 años después, utilizar la duda cartesiana con fines relacionados a nuestra época.

En la actualidad, sin esa duda voluntaria que proponía Descartes, somos presas de la desinformación absoluta.

Las fake news (noticias falsas) vienen siendo un problema desde hace años. Se utilizan titulares falsos que se justifican con imágenes viejas o de otros lugares del mundo. Ahora, esto es inclusive más fácil con la generación de videos con inteligencia artificial. Por ejemplo, el año pasado circularon videos pornográficos hechos con IA de la cantante Taylor Swift, y no es la primera personalidad famosa a la que le sucede algo así, probamente y lamentablemente tampoco la última.

Hasta los más estudiosos en el tema, el intelectual más lector, el productor de videos más capaz… se ha creído un video hecho por IA. Si prestamos atención es posible diferenciarlos, aunque se sabe que cada vez será mucho más difícil (algunos tips: observar las manos, el fondo, el parpadeo…). Sin embargo, sin esa debida atención, sin esa duda voluntaria y forzada, el scrolleo infinito nos puede engañar con facilidad.

De todos modos, para ser fiel con el filósofo, Descartes no era un escéptico perpetuo. Dudaba para encontrar una base firme, y la encontró en aquello que era claro y distinto para su razón. Algo que se presentase con tanta fuerza y diferenciado de todo lo demás que ya no pudiera ser puesto en duda.

Es difícil creer hoy en el mundo del pensamiento contemporáneo que podremos encontrar algo así como una verdad o criterio de verdad absoluto. Por eso, quizás, uno de los aprendizajes de Descartes para nuestra actualidad no es su verdad, sino un gesto: el gesto voluntario de dudar de lo que percibimos, en nuestro caso, del universo digital.Pausar el scrolleo y preguntarnos: ¿Qué evidencia tengo de esta noticia? ¿Quién lo dice y con qué intención? ¿Es IA? ¿El titular corresponde con la imagen? En este flujo constante de información automatizada, nuestro último bastión, tal vez, tenga que ver con aprender a dudar cada vez mejor.

Dudar cada vez mejor

Por Catalina Camaño Amato.

Comunicadora. Docente en Filosofía. Secretaria de Cultura de la UTPBA.
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