24 junio, 2026

Mundial 2026: Cuando la pelota se manchó

Por Eduardo Verona.

Periodista. Miembro de Conducciòn de la UTPBA.

Hace 25 años en el partido de su despedida en La Bombonera, Maradona alumbró una frase que quedó instalada para siempre en la galería del fútbol de todos los tiempos. Dijo Diego, entre silencios, sollozos y alaridos, después de aclarar que él se equivocó y pagó: “La pelota no se mancha”. Esas cinco palabras no fueron antojadizas ni gratuitas. Fueron certeras, quirúrgicas. Reflejaron y siguen reflejando una escala de valores imposibles de clausurar o cancelar ni aún en función del impresionante show que monta la industria del espectáculo asfixiando y exprimiendo al juego del fútbol sin remordimientos ni pesares.   

Cuando se proclama que “la pelota no se mancha” en circunstancias, contextos y episodios que incluso no están relacionados con el fútbol, queda confirmado sin aclaraciones que algo vital debería estar a salvo de la altísima contaminación. Un cuarto de siglo después de ese puñadito de palabras que Diego imaginó y planteó como un límite irreductible, la realidad mundialista que diseñó Estados Unidos (México y Canadá son los teloneros de la banda principal) en sintonía con la omnipresente FIFA presidida por el inefable suizo Gianni Infantino, pinta otro escenario que recurre a la exacerbación de la hipocresía racista, el cinismo criminal con marca registrada en USA y el negocio salvaje expresado con las insoportables pausas de hidratación como pantallas para vender publicidad durante los partidos.  

La pelota se manchó a escala global con una impunidad absoluta. Podría sentenciarse sin demasiado margen de error que la pelota siempre estuvo manchada por las guerras, los fascismos más declarados o más ocultos, las dictaduras y los dictadores del pasado (y del presente), pero hoy el Mundial que se está desarrollando adquirió el relieve inconfundible de la esquizofrenia represiva y segregacionista avalada por el establishment y el marketing internacional sin necesidad de disfrazar o maquillar nada.

Todo a cara descubierta en nombre de la seguridad nacional impuesta por el gobierno de Estados Unidos manipulado por Donald Trump. Así deportaron al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, así requisaron hasta al hartazgo a las delegaciones de Senegal, Uzbekistan, Costa de Marfil e Irak (la selección de Irán fue invitada a recalar en México y no en territorio estadounidense) y así les negaron el cuarenta por ciento de los ingresos con visas rechazadas a los ciudadanos de Cabo Verde, Jordania, Uzbekistán, Egipto, Argelia, República del Congo y Ecuador, mientras que con los turistas provenientes de Irán, Costa de Marfil, Haití y Senegal las restricciones fueron totales ya que tienen prohibido el acceso a Estados Unidos.

Frente a esta mise en scene de carácter excepcional el fenómeno del fútbol intenta disimular, por ahora sin éxito, el mamarracho político y guerrerista que trasciende las fronteras del juego instalándose también como un vértice de la batalla cultural que de cultural no tiene nada. El fútbol se convierte, entonces, en un irremediable telón de fondo. O en un decorado naif que no alcanza a tapar el verdadero alcance del marco ideológico que lo promueve, lo financia, lo difunde y lo desdibuja. 

Seguramente advirtiendo la dimensión y la magnitud del show devorado por otros intereses ajenos al juego, el Subcomandante Marcos del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) entre otras consideraciones expresó en un comunicado una idea tan potente como convincente: “La realidad se impone al mundo frívolo y superficial del Mundial. Por eso es de esperar que lo más importante del Mundial pueda ocurrir fuera de los estadios, en los campos, en las costas, en las calles y en las montañas, donde se celebrará no el espectáculo, sino la lucha, la memoria, la resistencia y la rebeldía”. Y sumó una declaración que abraza una gran síntesis: “El fútbol, como casi todo, se debate entre el crimen y la resistencia, entre el autoritarismo y la rebeldía, entre el negocio y el juego, entre la barbarie y la nobleza”.

Encapsulada por un capitalismo caníbal, la pelota quedó infelizmente atrapada. Diego, aquella tarde inolvidable del sábado10 de noviembre de 2001, decía que “la pelota no se mancha”. Era una declaración de principios. El Mundial 2026 no solo la manchó. La quiere convertir en un big mac. 

XIII Congreso de FELAP: Nueva conducción y defensa del trabajo periodístico

La FELAP realizó su XIII Congreso los días 5, 6 y 7 de junio en la ciudad de Cuernavaca, Estado de Morelos, México, con la participación de dirigentes, periodistas, trabajadores de prensa, comunicadores e investigadores de 18 organizaciones provenientes de 15 países de la región. En este encuentro, además, la organización celebró su 50 aniversario.

FELAP renueva su presencia digital

La FELAP presentó, en el marco de su XIII Congreso y de la celebración por sus 50 años de vida, su nueva plataforma digital, disponible en www.felap.org. Esta renovación forma parte de una estrategia orientada a fortalecer la comunicación institucional y ampliar el acceso a contenidos de interés para periodistas, comunicadores y organizaciones de toda la región.

FELAP presentó el libro “Comunicadores y comunicadoras sociales. Personas comunes”

Durante el XIII Congreso de la FELAP, se presentó el libro “Comunicadores y comunicadoras sociales. Personas comunes”, una publicación que reúne experiencias, datos estadísticos y testimonios surgidos del relevamiento sobre las condiciones de salud de las y los trabajadores de la comunicación en América Latina y el Caribe.