22 noviembre, 2018

El fenómeno de las fake news: ¿De dónde te conozco?

Todo el mundo miente, la única variable es sobre qué.
Dr. House

Por Leticia Amato (*).- Que la luna no está habitada, que la tierra no es plana, que los seres humanos no “descendemos” del mono sino de una especie particular de homínido, que el planeta no está siendo invadido –aún- por extraterrestres, que los judíos no hacían el pan con sangre de niños, que las armas de destrucción masiva no estaban en Irán y que Phil Collins no murió, son acontecimientos que tenemos por ciertos. Hoy. Porque en el tiempo en que fueron difundidas todas y cada una de estas falacias -y tantas otras- la opinión pública sucumbió, una vez más, a la mentira y a la manipulación.

Por detrás o por debajo de cada mentira de la historia de la humanidad existió una fake news que la instaló, difundió y sostuvo como hecho real con propósitos que si no fueron claros entonces se visibilizaron con el transcurrir del tiempo.

Fake news (noticia falsa) es un nuevo término para un antiguo concepto que, en rigor, exige ser aggiornado. La idea de falsa noticia es tan legendaria como lo atestigua, por ejemplo, el hecho de que Nerón no quemó Roma, ni Hernán Cortés sus naves, se trató más bien de tergiversaciones mal intencionadas que construyeron historiadores o cronistas cuyos intereses giraban a favor o en contra de los personajes en cuestión, discursos éstos que encontraron una fuerte pregnancia en la sociedad, resistieron estoicos el paso de los siglos y se instalaron a fuego en la memoria histórico-colectiva.

El antecedente directo de la expresión fake news tal vez resulte más familiar: hoax fue la  forma inglesa que se acuñó hasta ahora para explicar el fenómeno de la noticia falsa, que en español se traduce bulo y en la jerga periodística rioplatense conocemos como pescado podrido.

Según define en una reciente entrevista Martín Becerra, investigador, profesor universitario y especialista en medios e industrias culturales “hay cierto acuerdo en que toda información explícitamente falsa, malintencionada o malintecionadamente falsa puede ser concebida como fake news”. Y agrega: “las fake news contribuyen a una especie de régimen de la posverdad, esto es el abuso de lo falso y de cierto predominio de la emoción por sobre el raciocinio y la comprobación empírica”. 

De modo que, a la máxima de Dr. House deberemos agregarle otra variable: ¿para qué?

Si las fake news -entendidas como la forma material que adopta la “construcción del acontecimiento” en la era de la posmodernidad y cuyo espacio de realización se concreta en los medios masivos de comunicación– son  desde una perspectiva histórica, una repetida práctica que aplica tanto el poder político para disciplinar ideológicamente como el poder económico para asegurar su tasa de rentabilidad, cabe preguntarnos qué nueva naturaleza adopta este mecanismo frente a la crisis de los medios de comunicación tradicionales y a la luz del avance de las nuevas tecnologías.

Una de las claves para analizar esta nueva-vieja categoría de falsas noticias, antiguamente desparramadas boca o boca y actualmente disparadas de a cientos vía redes sociales, la anticipa Ignacio Ramonet en Propagandas Silenciosas (2001): se trata de una revolución copernicana. Antes, los medios vendían información (o distracción) a los ciudadanos. Ahora, a través de Internet, venden consumidores a los anunciantes y mientras más elevada sea la cantidad de consumidores, mayor será el valor bursátil de la empresa comunicativa.

Y parafraseando a Ronald Barthes, el director de Le monde Diplomatic, añade que la forma espuria de la cultura de masas es la repetición vergonzosa: repite los contenidos, los esquemas ideológicos, la difuminación de contradicciones pero varía las formas superficiales.

Así, el fenómeno de las fake news no presenta en sí mismo ningún elemento novedoso. Sin embargo, en la sociedad de la información, la harto conocida manipulación mediática –siempre capciosa, mal intencionada y al servicio de intereses políticos-económicos- encuentra su nueva máscara en el avance desenfrenado de las tecnologías de la información y la comunicación.

(*) Periodista. Secretaria de Asuntos Profesionales de la UTPBA e integrante de la Secretaría de la Juventud de la FELAP.

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