8 febrero, 2022

Ernesto Vera

P- ¿Cuáles son las dificultades que estás atravesando en el plano personal, profesional o laboral en el marco de la pandemia?

R- En lo laboral, recién estoy retomando la presencialidad plena. Por un lado, me he sentido privilegiado por haber adaptado mi trabajo para realizarlo desde mi casa mientras muchos trabajadores tuvieron que asumir el riesgo y seguir de manera presencial o directamente afrontar pérdidas económicas.

Por otro lado, la calidad de nuestro trabajo dependía de nuestra conexión a internet, que a veces no funcionaba o lo hacía con intermitencia. Algunos elementos de trabajo fueron provistos pero no todos. Por lo tanto asumimos el desgaste de los elementos propios o invertir para mejorar la calidad.

Como dificultad también la flexibilización y extensión del horario de trabajo por estar todo el tiempo atento a grupos de whatsapp, mail, o reuniones virtuales. En lo personal, un agotamiento continuo por la necesidad de adaptarse todo el tiempo, la sensación de incertidumbre constante y preocupación por la salud de familiares y amigos.

P- ¿Qué opinión te merece la falta de respuesta ante nuestro reclamo con respecto al predio de UTPBA en Moreno?

R- Es injustificable la inacción de la justicia y del poder político ante el reclamo legítimo de trabajadores de prensa agrupados. Es repudiable que en conflictos como los de Guernica, el Gobierno haya actuado rápidamente, reprimiendo y desalojando familias de manera violenta, mientras que ante el reclamo de un gremio que agrupa a miles de trabajadores de prensa y que promueve el diálogo y la resolución de conflicto de manera no violenta haya silencio e inacción.

A 50 años: no olvidamos, no perdonamos

¡Presentes!

La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) comparte -como siempre- la lista de compañeras y compañeros desaparecidas/os por la dictadura cívico-militar que implantara el terrorismo de estado el 24 de marzo de 1976.

La UTPBA ayer, hoy y siempre, manteniendo viva la memoria

“Con vida los Queremos” es un libro parido en 1986 que constituye, junto a otras luchas y a quienes jamás se apagaron en la amnesia cómplice, un testimonio permanente. Con su vigencia renovamos todos los días el compromiso asumido por aquellos hombres y mujeres que desde la profesión periodística trascendieron los límites corporativos para luchar por una sociedad justa y un mundo mejor”