Por Daniel Das Neves (*).- ¿Qué se imagina cada uno, cada una, cuando se dice, se repite, que “después de la pandemia Nada será Igual”? ¿Acaso el poder de las llamadas firmas GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) con el agregado de Netflix y Alphabet, perderá capacidad de incidencia, dejará de controlarnos, de marcar el ritmo del sentido común, de asimilar sin afectación lo “disruptivo” malo para seguir promoviendo lo “disruptivo” bueno a la manera de un “colesterol bueno” y “colesterol malo”?
Hace poco me detuve en una frase que creí puesta como al pasar en un libro: así es la vida. El subrayado sólo se justificaría en que se trata de una frase que mi viejo solía repetir con una carga, por él desconocida, de burguesa resignación.
Sin embargo el recuerdo se disparó porque la frase provenía de un texto alumbrado en estos tiempos. Precisemos: leído en el 2007 fingiendo estar en el 2014 y editado en 2019, lleva por título, podríamos decir proyección 2020, “A la espera de los grandes temporales”.
Escribe su autora, Belén Gopegui: “Cuando lo normal ocurre –la enfermedad repentina, el despido, la violencia- entonces, como a la hora de tomar un café, la construcción capitalista de la vida se pone en marcha y eso que ha ocurrido deviene asunto nuestro, asunto privado, personal, mientras las causas permanecen lejos, borrosas, en la mala suerte, en el así es la vida…”
Sigamos con el ejercicio de imaginativa repetición, ¿qué significa que Nada será Igual? ¿Un sistema que deje de ser injusto, opresivo, criminal, insolidario, individualista? ¿O, acaso, su dramática profundización que lo aleje de cualquier posibilidad de eliminar las categorías explotador-explotado?
Nada será Igual porque la naturaleza escorpiana del capitalismo empujará a que todo sea más desigual; ese Nada será Igual pospandémico suena demasiado a aquél así es la vida que, como se sabe, jamás se usa para los momentos de felicidad. No se trata de llegar a la conclusión de que el Palacio de Invierno que se puede tomar hoy es Netflix ni de, como dice el texto mencionado, pretender transformar la realidad como un acto de compasión –y en esto la autora proyecta el pensamiento de Bertold Brecht-, porque dejarla como está sería poco amable, poco práctico y un crimen que recaerá, en vez de sobre nuestra conciencia, sobre nuestro propio cuerpo, en forma de guerra, enfermedad, asalto, inundación, persecución, despido, infelicidad, cansancio; en demasiadas formas.
(*) Periodista. Secretario de Relaciones Sindicales e Internacionales
de la UTPBA.