22 diciembre, 2023

La educación del poder real 

Por Eduardo Verona

Periodista. Miembro de conducción de UTPBA.

¿Qué actividad y rol desempeñan los medios de prensa tradicionales y las pantallas digitalizadas en la dinámica educativa, política, cultural, económica y financiera de las sociedades contemporáneas? Plantear que su influencia es notable al determinar conductas y rumbos que alteran todos los equilibrios de la comunicación, sería ofrecer en bandeja una respuesta de manual. 

¿Quiénes podrían oponerse a este pensamiento cristalizado por la realidad? Sin dudas, los inocentes de toda inocencia que compran todo lo que se les ofrece sin aproximarse nunca a ninguna duda. Y los que saben muy bien de que se trata e intentan no dejar al desnudo la omnipresencia de las grandes corporaciones e intereses nacionales y transnacionales de la palabra y la imagen editada, en sintonía con los tiburones mafiosos del sistema capitalista. 

Hace seis años en Brasil, el entrenador argentino Marcelo Bielsa, en un foro aplicado al fútbol previo al Mundial de Rusia 2018, sostenía con una agudeza que siempre lo distinguió, el paradigma de una hegemonía naturalizada. Decía Bielsa acompañado por sus colegas Tité y Fabio Capello, entre otros: “El procedimiento educativo más poderoso que tiene la sociedad no es más la escuela. Son los medios de comunicación, que influyen más que la familia y la escuela, que son los elementos genuinos de formación. Considero que es una vergüenza que los medios de comunicación eduquen a la gente, porque tienen intereses muy específicos y la educación y la familia tienen intereses y expectativas diferentes a los medios de comunicación”. 

El actual técnico de Uruguay recorría caminos ajenos al fútbol, aunque sin explicitarlo lo incluyera. Hablaba del desplazamiento progresivo y letal de contenidos despojados de cualquier interés económico. De un rigor conceptual y una influencia mediática capturada por una renta simbólica en términos culturales y por otra renta mercantilizada. Todo en nombre de libertades falsas. De libertades intoxicadas por consignas rehenes de mentiras flagrantes nunca ausentes en la agenda cotidiana. 

La idea fundamentada de Bielsa en el marco del fútbol se extendió de manera inteligente a los medios de comunicación (y sus múltiples plataformas) como herramientas de subordinación ideológica a los dioses del mercado de capitales. A los que dicen y repiten sin parar lo que está bien y lo que está mal. Para que otras víctimas digan y repitan exactamente lo mismo sin reparar que los beneficiados siempre van a ser otros y los perjuicios siempre serán propios. 

Marcelo Bielsa

Si hace casi cien años el intelectual y filósofo marxista Antonio Gramsci afirmaba que la dominación de las clases privilegiadas se sostenía en la hegemonía cultural burguesa (iglesia, escuela, tribunales y la prensa), hoy la dominación se concentra en los diferentes envases de la comunicación con las redes sociales como bandera de penetración masiva. 

 En esa área de interconexiones de alcance inabarcable, se precipita la colonización permanente de la subjetividad. Se pasa letra las 24 horas de cada día a audiencias congeladas. Se glorifica la meritocracia ultraindividualista como un camino aceitado para la realización. Se instala con distintas estrategias el dogma capitalista de la salvación unipersonal. Se naturaliza la pulsión explotadora, discriminadora y odiadora. Y se establece (hasta en un inocente ida y vuelta performático) como una verdad revelada lo que no deja de ser un flash reaccionario y nefasto que elogia la mafiosa articulación empresarial entregada a la fuga de divisas y a la fuga de pensamiento propio, cancelando a la memoria, al campo popular y a las 30.000 víctimas directas del terrorismo de Estado.    

La escritora argentina radicada en España, Lucía Lijtmaer, abordó este universo implacable de mensajes direccionados a una franja etaria de jóvenes que se perciben fuera del sistema y sin perspectiva de futuro: “La ultraderecha mundial está siendo muy capaz de insertar sus discursos a través de las redes sociales y de lo que consume la gente joven en Tik Tok, sobre todo píldoras muy cortas, intoxicación informativa sin parar y bulos informativos”. 

La “intoxicación informativa” que denunció Lijmaer es aquella misma “educación” de diseño tilingo y altamente nocivo que Bielsa le viene adjudicando a los medios de comunicación. Es la “educación” formateada y manipulada por las vías de acceso al neoliberalismo. Una “educación” al servicio de los poderes corporativos, atados a la financiarización de las economías. Este perfil de “educación” con evidentes pretensiones consumistas que glorifica el éxito individual en desmedro de los logros colectivos, es una auténtica marca registrada del mercado asumido y vendido como una deidad que merecería reivindicarse. Aunque esa deidad sea una construcción indeseable.    

Las ultraderechas rabiosas y superviolentas que se esparcen por el mundo crean las condiciones en todos los escenarios de la comunicación organizada, en transferir a las geografías más diversas un producto de laboratorio. Un producto mediático y digitalizado que interactúa con quien lo desee y con quien no lo desee también. 

Parece un simple ejercicio del entretenimiento. En principio, lo es. Pero mientras entretiene, además somete, horada, reduce, confunde, desconcierta, contamina. Y disciplina hasta la voluntad de aquellos que no quieren disciplinarse. Salvo que, por convicción, por rebeldía o por una lucidez intelectual desarrollada, se rechace y se combata de plano esa “educación” construida para atravesar el cuerpo y el alma. 

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