Como ya tratamos en entradas anteriores, muchas de las palabras de nuestro glosario nos resultan útiles para pensar cómo los medios de comunicación digital traen consigo nuevas problemáticas vinculadas a la sociabilidad, la salud mental, la seguridad, entre otros temas.
Las palabras de hoy reflejan problemáticas del mundo contemporáneo, que abren interrogantes éticos sobre la relación que tenemos las personas con las redes sociales, el trabajo y otras dimensiones de la vida cotidiana.
- Overthinking
Su traducción es “sobrepensar”, se españolizó como “overthinkear”. Se usa cuando una persona le da muchas vueltas a una situación en su mente. Por ejemplo: “Estaba re ansiosa, overthinkié toda la noche y no pude dormir”.
- Breakdown
Literalmente significa “romperse”. Sin embargo, en el contexto digital y cotidiano, se usa en relación con la salud mental. Por ejemplo: “Tuve un breakdown ayer, no podía parar de llorar”. Lo cual se refiere a un colapso emocional o mental.
- Trigger:
Significa “disparar” o “detonar”, triggerear es su hispanización . Se usa en redes y también en psicología para referirse a una situación que activó un estado emocional intenso como angustia, ansiedad o estrés. Por ejemplo: “Vi una foto de mi ex en Instagram y me re triggereó, me quedé mal después”.
- JOMO
En otra oportunidad vimos FOMO (fear of missing out, “miedo a quedarse afuera”). JOMO surge como su contracara: joy of missing out, es decir, “alegría de quedarse afuera”. Por ejemplo, alguien que decide quedarse en casa un sábado a la noche y disfruta de no salir puede sentir JOMO en lugar de FOMO.
- Sharenting
Del inglés share (compartir) + parenting (paternar/maternar). Se refiere a la práctica de madres, padres, y tutores que comparten de forma constante en redes sociales fotos de la crianza de sus hijxs menores de edad.
Este es un tema complejo, que va mucho más allá del mero significado del término. El sharenting plantea preguntas éticas sobre la privacidad de lxs niñxs. Al ser menores de edad, no pueden consentir la exposición pública entendiendo todas sus implicancias: que lo que se sube a internet se queda allí indefinidamente, incluso si borramos las imágenes, pues una vez en la red, esos datos ya son propiedad de la empresa de comunicación en cuestión.
Es importante que quienes desean compartir imágenes de sus hijxs menores tengan presente los riesgos de seguridad que esto puede implicar: uso indebido de las fotos por parte de terceros; utilización de la información por potenciales acosadores o ciberdelincuentes: al compartir datos sobre la rutina de unx niñx —como los lugares que frecuenta— se está divulgando información muy sensible, que puede quedar al alcance de cualquier persona.
Además del riesgo asociado a la seguridad, hay cuestiones de fondo que merecen ser pensadas: ¿por qué compartimos imágenes de niñxs en internet? ¿Qué efectos puede tener esto, incluso para las personas adultas? No olvidemos que muchas redes sociales refuerzan mandatos y estereotipos sobre lo que “debería” ser una vida feliz o perfecta y que los medios digitales también nos enseñan qué desear.