18 mayo, 2016

LAS TELENOVELAS CUENTAN OTRA HISTORIA

A propósito de La Leona

(Por Elisa Marroco).-

Acaso el amor, el entrecruzamiento de pasiones y de identidades seguirá siendo su marca registrada, la que nutra cada historia, porque al fin es la esencia de la telenovela: contar en clave de melodrama, la felicidad esquiva.

Sin embargo, otros conflictos de la realidad han penetrado en un género –que mueve millones de dólares en el mundo y es uno de los más explotados en Latinoamérica- desplazando al desencuentro sentimental para abordar temáticas más comprometidas.

Así, la telenovela argentina buceó en el drama de los hijos de desaparecidos y la búsqueda de nietos o hermanos apropiados (Montecristo), de los laboratorios que experimentan con seres humanos (Resistiré) o la trata de personas (Vidas robadas).

Algo similar ocurre con las ficciones televisivas brasileñas, que en sus producciones más recientes recrean el entramado y las complicidades de las mafias que “exportan” jóvenes para ser prostituidas, la marginalidad de las favelas o la homofobia social y familiar, entre otras, que salen del limbo rosado de vidas de película.

El televidente queda atrapado no ya porque uno de los protagonistas perdió la vista de un día para el otro o un accidente los dejó en silla de ruedas. Un sentimentalismo reducidor y primitivo.

En el caso de La leona, la conflictividad social pone de relieve lo que ocurre cuando se intenta expulsar del sistema, sin red de contención y sin miramientos.

La heroína, la leona, es una trabajadora textil que hará todo lo que esté a su alcance para defender la fábrica en la que su padre, ella misma y sus vecinos trabajan desde siempre. La fábrica es el barrio, la casa de cada uno. Sus vidas han pasado entre paredes y máquinas, rollos de telas, enhebrando lazos.

Como un emblema de la Argentina neoliberal, la textil Liberman es la radiografía de una empresa en quiebra en la que la gente –su gente- es apenas un número sin rostro ni historia.

En ese sentido, La leona, protagonizada por Nancy Dupláa y Pablo Echarri resulta un buen ejercicio de memoria.

Están los que pelean desafiando rejas y gases lacrimógenos, los que no bajan los brazos ante la prepotencia del que está dispuesto a todo y los que miran para otro lado.

Dos lugares en los que pararse, en la ficción de una telenovela y en la vida.

 

-Fuente: http://www.revistanoctiluca.com.ar/

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