17 noviembre, 2016

Mario Bonino: un reclamo que lleva 23 años

Mario Bonino es presente. También es la historia, la historia misma de la UTPBA. También es un reclamo de justicia, de memoria, es un modo de decir que no hay olvido ni hay perdón. La desaparición y posterior asesinato de Mario es un símbolo de la impunidad de una época particularmente adversa para los periodistas y trabajadores de prensa, en la que los ataques e intimidaciones se incrementaban al ritmo de la concentración mediática y la precarización laboral. La UTPBA, con Mario, por supuesto, en septiembre de 1993, le habían dicho al poder político y económico en la puerta de la Casa de Gobierno y ante más de 10 mil personas, “Paren la mano”.

Mario, en el momento de su desaparición tenía 37 años y trabajaba -militaba- en el Área de Comunicación de la UTPBA. Antes lo había hecho en los diarios Popular, Sur y La Razón. Esa militancia y compromiso con las ideas de la organización, a las que él mismo aportaba, lo llevaban de medio en medio, de redacción en redacción, explicando una y mil veces, en el lugar y a la hora que hiciera falta, que había que organizarse para defenderse.

Entre la desaparición de Mario, el 11 de noviembre y la aparición de su cuerpo en aguas del Riachuelo, el día 15, hubo otro hecho de violencia contra la organización: el domingo 14 por la madrugada tres individuos ingresaron a la sede de la OSTPBA, la Obra Social de la UTPBA, y atacaron brutalmente al sereno, Miguel Gavilán, quien debió ser internado por los golpes recibidos. En horas de la mañana una amenaza telefónica con voz de mujer advirtió que “lo que les pasó anoche les puede volver a pasar”.

Inmediatamente producida la desaparición, la UTPBA junto con los familiares de Mario iniciaron la búsqueda al tiempo que realizaron la denuncia ante las autoridades policiales, judiciales y políticas.

Tras la aparición del cuerpo, se sucedieron las marchas pidiendo justicia. También se conformó una Comisión de Investigación presidida por el periodista Enrique Sdrech e integrada, entre otros por el periodista Santo Biasatti y Enrique Tortosa, ex presidente de la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (APBA) y ex secretario General Adjunto de la UTPBA, y se realizaron denuncias ante organismos internacionales, entre ellos la Comisión Investigadora de Atentados contra Periodistas (CIAP) y la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

Las conclusiones de las pericias judiciales no dejaron dudas: Mario había sido asesinado. El juez de Instrucción, Raúl Irigoyen, dictaminó después de realizada la segunda autopsia que “se ha excluido el diagnóstico de muerte por sumersión” y “tampoco se han detectado rastros de sustancias tóxicas en los restos”. El señalamiento del magistrado descartaba la hipótesis del suicidio que, por momentos, intentaron imponer desde sectores del gobierno de Carlos Menem y la investigación para ensuciar la imagen de Mario, quien estaba casado con Felicia Urbano y era padre de Federico, por entonces de ocho años.

La UTPBA solicitó y obtuvo la reapertura de la causa en abril de 2001, en virtud de las declaraciones hechas por un suboficial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires al programa de TV Puntodoc/2, en las que señalaba a los autores del crimen como “gente del comisario mayor Mario Rodríguez”, a quienes identificó con los nombres de “el Lagarto Vargas y el suboficial mayor Carmona”.

En agosto de 2002, la UTPBA hizo una presentación ante el juez Raúl Irigoyen, a cargo del Juzgado de Instrucción Número 10, motivada por la publicación de un artículo en la edición del diario Clarín del viernes 28 de junio de ese año, en el que se reprodujeron declaraciones del cabo de la policía bonaerense Adrián Montenegro, en relación con el asesinato de Mario.

Durante años la causa permaneció encajonada. En el año 2003, el entonces secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde decidió reabrirla, a partir del reclamo realizado por la familia Bonino y la UTPBA.

El crimen, 23 años después continúa impune. La UTPBA y la FELAP, reclaman, como siempre justicia. ¡Mario Bonino, presente!

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