A 29 años de su muerte, Osvaldo Soriano sigue siendo una de las voces más queridas y reconocibles de la literatura y el periodismo argentino. Hincha confeso de San Lorenzo de Almagro, nació en Mar del Plata y pasó su infancia y juventud entre Tandil y distintos pueblos del interior del país, adonde lo llevaba el trabajo de su padre. Supo retratar como pocos la política, el exilio, el fútbol y la vida cotidiana con ironía, compromiso y una profunda sensibilidad. Durante la última dictadura militar debió refugiarse en Europa, donde vivió en Bélgica y Francia, experiencia que marcó buena parte de su obra.
Autor de novelas emblemáticas como Triste, solitario y final, No habrá más penas ni olvido, Cuarteles de invierno, A sus plantas rendido un león y Una sombra ya pronto serás, Soriano también dejó una huella indeleble en el periodismo gráfico, consolidando un estilo directo y cercano al lector.
Falleció el 29 de enero de 1997 y al día siguiente, fiel a sus convicciones, fue velado en la sede de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA), tal como fue su voluntad.