19 diciembre, 2022

Osvaldo y “su” ¡Qué carajo!

Fue un placer haberlo conocido y tomarse con él un café, un vino, escucharlo, leerlo, disfrutarlo. Osvaldo Ardizzone periodista, escritor, poeta, decidor, amante de la vida, falleció el 8 de enero de 1987.

Antes, entre su profusa obra, nos regaló ¡Qué carajo!

¿Nombre y Apellido?

¿A mí me dice? Osvaldo Ardizzone, con doble zeta, porque tengo ascendencia gringa, ¿vió?… mi abuelo vino de…

¡Remítase a las preguntas! ¿Estado civil?

Me casé hace una punta de años y en aquellos años vio, que la novia de uno vivía en la casa de al lado…

Señor ya le dije que aténgase a las preguntas: ¿Domicilio?

Berutti 591 Banfield, Provincia de Buenos Aires…

¿Hijos?

Si tengo tres. Rodolfo, Daniel y Gustavo. Sabe, ¿quiere que le cuente?… Rodolfo…

Remítase a las preguntas… Puede retirarse, ya sé quien es Ud.

¿Que Ud. sabe quién soy yo?? ¡Qué carajo va a saber quién soy yo! Ud. no sabe nada, qué carajo va a saber con cuatro preguntas, ¡no sabe todo lo que tengo yo para decirle!

¡Qué va a saber quién soy yo!
Que uno no es Juan Pérez, solamente,
ni Diógenes Rodríguez, por ejemplo…
ni la firma al pie de un documento
ni las señas de un prontuario o un legajo
¡qué carajo!

Que uno está cansado de que le digan gente,
peatón, transeúnte, usuario, contribuyente, espectador o proletario,
empleado o jubilado…

Que uno no es aquel del traje gris gastado
que espera el tren de las veinte y trece
desde hace más de veinte años
para volver a casa de su miserable trabajo
¡qué carajo!

Que, aunque uno, hable tontamente
del tiempo con el vecino
o le diga al jefe. . .
“sí señor, como usted diga”
o discuta sobre el equilibrio de la balanza
de pagos, aunque no entienda un pito
o se alarme con el alza del dólar
-aunque ni de vista conoció al célebre Washington-
o diga como todos, que Dios está con los de abajo
uno se siente alguien ¡qué carajo!

Que uno tiene su domingo y su muchacha
y aprendió a hacer el amor a su manera
y sufrió los fracasos que son de uno
y acarició un montón de sueños nuevos…

Que uno tiene un amigo para contarle cosas,
y una guitarra para gritar sus broncas
y un par de pesos para tomarse un vino
y mamarse también si está con ganas…

Que uno le caminó el gris a muchas tardes
y el gris le caminó por dentro, lastimando,
pero después encontró la cama blanda,
más blanda que otras veces, por ejemplo…

Y el cuarto tibio y la estufa roja
y un libro para viajar sin rumbo
con Sandokán navegando en el Caribe,
con Scherezade bailando allá en Damasco…

Y viajar, seguir viajando,
hasta que el libro se le caiga de las manos
y dormirse con los sueños que son de uno,
bien de uno ¡qué carajo!

Como son de uno las penas que le duelen,
como son de uno las risas que le ríen,
como es de uno el amigo que uno tiene,
como es de uno el domingo que uno sueña
y la muchacha que con él lo espera
como es de uno esta maldita Vida,
esta maldita ¡Vida que uno tanto quiere!

Por eso no me venga que uno es Juan Pérez
o Diógenes Rodríguez por ejemplo…
o la firma al pie del documento
o las señas de un prontuario o un legajo,
que todos los que somos, somos uno
que a veces siente ganas de gritarle
¡QUE CARAJO…!



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