21 septiembre, 2016

Pájaros, víboras y animales cazadores. Cuatro filósofos sobre el mundo actual

Guido Fernández Parmo (*).- 1. Una golondrina no hace primavera (lo dijo Aristóteles, ¡che!).

Aceptamos con cierta ligereza que si sos pobre, no tenés trabajo fijo y mucho menos propiedades, y robás, eso te hace “chorro”. A partir de ese momento, del primer robo, te convertís en un “chorro” y a partir de allí sólo serás eso. “Chorro”. Recordad: no robarás, de lo contrario, te convertirás en un sapo. O algo así. O peor. Un acto malo te convierte en un ser malo.

Aceptamos con cierta ligereza también que si no sos pobre, tenés un trabajo fijo y alguna propiedad, y asesinás luego de sufrir un robo, eso no te convierte en un asesino. Emoción violenta, perder la cabeza, ya no aguantar más. Más allá del asesinato, seguirás siendo una princesa, como Cenicienta. Un acto suelto no te define. Como decía Aristóteles, una golondrina no hace primavera. Un acto malo no te convierte en un ser malo.

Pongámonos de acuerdo.

2. Recuerdos rousseaunianos en un tren de Vietnam

Un caballito de batalla. Todos hablamos de democracia cuando queremos mostrar los errores de los otros, incluso sus crímenes. Todo está hecho en nombre de la democracia. Es en nombre de ella que defendemos los derechos humanos, en nombre de ella que criticamos a Estados comunistas, a la corrupción de unos, la violencia de otros, el gatopardismo de aquellos. En nombre de ella levantamos las banderas de la paz y en nombre de ella dejamos caer bombas en algún país tercermundista. Mientras tanto, las clases propietarias siguen con su fiesta bailando en la política de moda. A diestra y siniestra repartimos democracia para todos: Trump puede hablar de democracia a la hora de discriminar musulmanes. Y es en nombre de la democracia que la CIA sostiene grupos paramilitares en Afganistán. Y también la invocamos para apoyar a los extremistas psicópatas en Siria (aunque su presidente haya sido elegido democráticamente).

“Rousseau se habría encontrado a gusto viviendo en Vietnam”, le comento a mi amigo mientras viajamos hacia Ho Chi Minh City (Saigón) en tren. Un país donde la gente se preocupa por si tiene trabajo, salud, comida, acceso a alguna tierra o si se divierte como quiere, y no por el tipo de gobierno que se les da. Vamos vamos, ¡que lo dijo Rousseau y no Mao! Más economía y menos “política” (porque sí, hay otra política). Los sistemas políticos deberían estar al servicio de la gente y no al revés.

3. Eterno retorno de una hamburguesa: Nietzsche con mostaza en su bigote

Y de golpe, vuelve la inseguridad. Como la primavera y todas sus golondrinas. Y entonces vuelve lo mismo. Como el nuevo Iphone o la hamburguesa extra grande o la última de Spielberg. Nos encanta la repetición sólo cuando es a costa de que sea más de lo mismo. Aunque nos indigeste. No vaya a traernos el eterno retorno algo nuevo. Lo dijo Nietzsche, le tenemos algo más que temor a la diferencia. La diferencia es peligrosa. Por eso, bajo la apariencia de la renovación, giramos en falso. Y tragamos y tragamos y tragamos. Sin darnos cuenta, casi no hablamos de otra cosa. Es la lógica del sistema. El mundo actual no sólo nos dice qué pensar, nos dice qué y cómo desear. Es preciso desear lo mismo para no desear. Atragantarnos de consumo, vomitar en los inodoros de las rebajas y renovarse. ¿Y si la vida estuviera en otra parte? Claro que está en otra parte, todos lo sabemos, pero no la queremos. Nadie quiere renunciar a su quintita. Apelar a la ignorancia siempre es fácil, pero la ignorancia es siempre ideológica. La vida está en otra parte: cualquiera que sufra un trabajo, la inestabilidad laboral o la inseguridad (biológica, médica, familiar) lo sabe. La vida está en otra parte por-venir.

4. Animales rastreros vs. cazadores: Lenin con arco y flecha

Somos animales de rapiña, rastreros, víboras. La perspectiva de un ser que se arrastra siempre se limita a lo que tiene delante de sus narices. Su mundo es el mundo de lo inmediato. Nuestra “política” se dirime a ras del suelo. Cada uno mirando a la presa más próxima buscando sobrevivir. Cada lucha empieza y termina en sí misma. Por eso Lenin era un animal de vanguardia, un cazador de animales rastreros. La gran política puede ver el cuadro de conjunto, las relaciones entre las cosas, sus dinamismos y puntos débiles. Hoy, no tenemos política, lamentablemente. Tenemos la superviviencia del más vil para garantizar el privilegio. La vanguardia no era más que poder ver las situaciones y coyunturas como momentos de un movimiento más amplio. Poder tener la mirada del cazador que mide los tiempos, observa el horizonte, que espera, identifica fuerzas y debilidades y salta sobre el animal cuando sabe que no se le escapará. Para el cazador, la realidad nunca está compuesta de cosas separadas ni de situaciones estáticas que se van relevando. Para el cazador, la realidad es puro dinamismo.

Nuestra política parece haber renunciado a pensar en la Historia, tanto para el pasado como para el futuro. Se agota en la fugacidad del presente: ahora son las tarifas, mañana las elecciones y pasado mañana si apareció una nueva offshore. Pero, ¿qué encadenamiento atraviesa estos elementos? Hacer política hoy es pensar eso. Hacer política hoy es actuar como lo hace el gran cazador.

(*) Licenciado en filosofía y letras, docente y periodista

 

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