21 abril, 2020

Pandemia y Estado mínimo en la demolición estratégica de Brasil

Por Beto Almeida (*), desde Brasilia.- Después de varias semanas de choques públicos con el Ministro de la Salud, Henrique Mandetta, acerca de la conducción de las políticas para enfrentar el Covid-19, finalmente Jair Bolsonaro lo dimitió, con un discurso en el cual argumentaba que el ex ministro priorizaba predominantemente la vida.

Así mismo. En realidad, la dimisión de Henrique Mandetta es apenas la punta del iceberg de una crisis mucho más amplia y profunda, no solamente en el tema salud, porque mucho antes del anuncio de la Pandemia, la economía ya estaba en ritmo de semi paralización, con un PIB casi cero.

Ahora, con la crisis bastante expandida, las previsiones son las más sombrías posibles, con la perspectiva de un PIB negativo alrededor del 5%.

Pero, si la dimisión de Henrique Mandetta indicaba el rechazo de Bolsonaro por criterios científicos en la manera encarar la Pandemia, recusando orientaciones de la OMS, Bolsonaro, tal como Donald Trump, su modelo ideal de un estadista, suspendió el pago de las mensualidades de Brasil con la agencia da la ONU. Nada de eso significa enfrentar el centro del problema, mucho menos cuando Bolsonaro va a una panadería y por televisión estimula la gente a no obedecer las recomendaciones de la cuarentena. Para un país que ya tiene una escasa cultura de disciplina y organización, y además, siempre fue deseducado por un sistema de comunicación salvaje que desprecia sistemáticamente la construcción de una conciencia sanitaria en una población cuya mitad no dispone de agua corriente o saneamiento básico, esta postura presidencial roza la demencia y agrede los más mínimos padrones civilizatorios de salud pública.

El nuevo ministro de la salud, Nelson Teich, es un muy bien exitoso empresario, propietario de una clínica privada y viene por la indicación de la Sociedad Israelita Brasileña. En su primero pronunciamiento como Ministro, dijo que está “totalmente alineado” con Bolsonaro, pero sus últimos artículos y entrevistas venia aplaudiendo la política adoptada por el ex ministro Mandetta. De todos modos, su filosofía para situaciones extremas consta de una entrevista televisiva en la que afirma “entre tratar un adolescente que tiene toda la vida por delante y tratar un anciano, prefiero al joven”. Todos estos espantosos debates vienen después que Bolsonaro afirmó que la Pandemia no era más que una simple gripecita. Brasil ya registra 2 mil muertos, 30 mil contaminados, y un documento del ejército a los alcaides, solicitando información sobre cuántos cementerios hay en cada ciudad y con cuánta capacidad para sepultar. Eso dice mucho.

Hay un tremendo impasse político y administrativo en el país porque Bolsonaro, además del conflicto que mantenía con el Ministerio de la Salud, confronta también con prácticamente todos los gobernadores, incluso los más a la derecha, porque todos estaban siguiendo la orientación del confinamiento horizontal, indicado por la OMS.

Hubo iniciativas sorprendentes de los propios gobernadores de derecha, como el de São Paulo, provincia que tiene el mayor número de muertos y contaminados, que ha determinado suspender la circulación, cerró el comercio no esencial, las escuelas en todos los niveles, y organizó un pacto con industrias para la producción de ventiladores mecánicos, item en falta, y que Brasil todavía no pudo importar de China, ya que Bolsonaro y sus hijos, insultaran la Patria de Mao, el mayor compañero comercial de Brasil.

Tales medidas fueron apoyadas por Mandetta, lo que ha irritado a Bolsonaro. Además, el alcaide de São Paulo, Bruno Covas, también adopto fuertes medidas de confinamiento, como la transformación de la famosa cancha de  Pacaembu en un hospital de campaña. De todas maneras, iniciativas como estas no podrán impedir, como afirman los especialistas, un colapso hospitalario, en un país de 210 millones de habitantes y que viene hace años aplicando la política neoliberal de Estado Mínimo.

Capitales como Manaos, con 2 millones de habitantes, ya están en colapso hospitalario.

Si las previsiones son sombrías y siniestras para un país con un padrón sanitario tan precario, con millones viviendo en favelas, sin agua tratada o colección de basura, sin posibilidad de confinamiento porque en una habitación llegan a vivir 10 o 12 personas, nada de eso impide que la ganancia de los banqueros se manifieste, aprobando en el Congreso, con larga mayoría de derecha, una “ayuda” de 1,2 trillones para Bancos “amenazados” por la Pandemia.

Además se altera la Constitución para permitir al Banco Central la compra de bonos podridos el mercado secundario, operación estimada en 1 trillón, esterilizando recursos públicos. Ante esa voluminosa ayuda a los bancos, Bolsonaro autorizó, contra su voluntad, la aprobación de una ayuda de emergencia a los desempleados, trabajadores informales y población pobre registrados en Bolsa Familia. Se trata de una “substancial”  ayuda de 600 reales (algo como 120 dólares), y por apenas 3 meses.

Paralelo a eso, sigue el curso de demolición de Petrobras, con la elección de una nueva dirigencia para la estatal totalmente integrada por representantes del mercado financiero, sin ninguna experiencia en el ramo petrolero. Y también se aprobó en el Congreso, la propuesta del gobierno de crear la Cartera Verde Amarilla, en oposición a la Cartera de Trabajo creada por el Presidente Getulio Vargas, cuando se edificaran todos los derechos laborales y de seguridad social más importantes.

Se trata de un desmonte del país. Un desmonte que fue iniciado por Fernando Collor, seguido por Fernando Henrique Cardoso, el príncipe de las privatizaciones, y ahora, después que Lula y Dilma frenaran las privatizaciones, el curso de destrucción fue retomado por Temer y, ahora, con mucho más virulencia, por el anti-varguista Jair Bolsonaro.

Esa demolición del patrimonio público en Brasil es, en realidad, la demolición estratégica de un país, bajo el mando de Estados Unidos, impidiendo que el gigante sudamericano pueda cumplir la función de ser una palanca importante, dado su grado de industrialización, para un proceso de integración regional latinoamericana.

La Pandemia, por lo tanto, será una tragedia más, con miles de muertos, tal como ya se venía registrando por la criminal política neoliberal del Estado Mínimo del gobierno genocida de Bolsonaro.

(*) Periodista. Director de la TV Ciudad libre de Brasilia.

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