23 marzo, 2018

¿Por qué y para qué gana la UTPBA?

Por Juan Chaneton (*).- En aquella ya histórica asamblea general del gremio realizada en el conurbano de la zona oeste, un 2 de junio de 2013, más de dos mil compañeros celebraron el día del periodista ratificando su pertenencia a una organización que los representaba en su diversidad y en toda la multiplicidad de actividades en que consiste la profesión de informar.

Refiriéndonos a aquella magnífica jornada militante, decíamos entonces. “…Estuvieron todos. Compañeras/os de medios grandes y pequeños, prensa escrita, de radio y de televisión, trabajadores de prensa «on line», medios digitales, agencias de noticias nacionales e internacionales, cooperativas, organizaciones sociales y gremiales, universidades, periodistas de la colectividad LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y personas Transgénero). Todo ello conformó, el 2 de junio pasado, en el inicio de la Semana del Periodismo, un mundo polícromo y -simultáneamente- encuadrado en políticas de lucha por las condiciones salariales y laborales de los trabajadores de prensa y de defensa de un concepto de periodismo-comunicación que encuentra su seña de identidad más específica en la armónica amalgama de información, cultura, arte y política. Es una buena síntesis de qué es la UTPBA  hoy…” (v. M.C. julio-agosto 2013, p. 2-3).

No podríamos agregar mucho a lo anterior si de caracterizar a esta UTPBA de hoy se tratara. Es decir, de esa UTPBA que acaba de ratificar su representatividad en los comicios del 15 y 16 de marzo pasado. Sí y sin dudas, debemos destacar que aquel escenario de 2013,  ubicado en el corazón del conurbano bonaerense, devenía símbolo de una concepción del ejercicio de la actividad periodística que ha guiado a la UTPBA desde sus inicios: o el periodismo y la comunicación social es tarea y actividad esencialmente popular y democrática o deviene elitismo rancio y minoritario que, en tanto tal, juega objetivamente para los enemigos del pueblo y de la patria, que son también, ellos mismos y en primer lugar, elitistas y reaccionarios.

Por si faltaba alguna razón, nos acaba de dar la razón Ignacio Ramonet: “… Muchas veces, los periodistas constituyen su propia corporación, la más perezosa que yo conozco, donde se hace sencillo evitar los esfuerzos evitables y entregarse a la banalidad. ¡Una profesión donde la gente firma! Las artesanas, los obreros, no firman. Y un redactor, aun cuando realiza un pequeño trabajito, estampa su nombre como si fuera Cervantes o Miguel Ángel. ¿Para qué? Para que rápidamente se le suban los humos a la cabeza. Ya tiene su nombre, su imagen, ¡es el primer violín de la mejor orquesta del mundo! Y entonces, ¿a quién se le ocurre que semejante celebridad pueda derrochar su tiempo pisando una villa o una favela para narrar lo que pasa adentro?” (“El grito de Marielle”, nota de I.R., director de Le Monde Diplomatique, para el sitio La Garganta Poderosa, marzo 2018).

Es una buena síntesis de los valores con que hemos transitado el camino de la militancia gremial y política en las últimas décadas. La UTPBA -podemos repetir hoy- no ha renunciado a una concepción de la comunicación: autoconstruirse como herramienta fundamental al servicio del cambio político, social y cultural de nuestros países, en una línea antiimperialista, soberanista, popular y anticapitalista.

Por eso gana la UTPBA. Porque siempre supo escribir “periodismo” con “p” de pueblo. Y en cuanto a saber para qué gana, lo saben mejor que nadie los compañeros que han ido al tope de la lista Celeste y Blanca en la última elección. La UTPBA es un proyecto político, social y cultural: la UTPBA tiene un pasado concreto y tangible en la lucha contra el terrorismo de Estado;  y su presente es de lucha sin concesiones ni claudicaciones frente a las patronales, frente a las burocracias sindicales y frente al Estado. Esa triple autonomía da fundamento al clasismo como núcleo duro de su ideología. En ese camino estamos y en él continuaremos abriendo picadas en la enmarañada selva en la que reptan los enemigos de clase.

La globalización capitalista de hoy, que se exhibe como puro presente, no es, sin embargo, puro presente sino que hunde sus raíces en un pasado cercano y no globalizado. Lo homogéneo  de hoy nace de lo heterogéneo de ayer. No hay que perder de vista que las aparentes discontinuidades constituyen, en realidad, parte de un mismo y único proceso histórico humano en marcha hacia la libertad, hacia esa libertad por la cual lucharon, también y principalmente, en nuestro pasado cercano y todavía no globalizado, nuestros 30.000 desaparecidos y, con ellos, nuestros más de cien hermanos trabajadores de prensa desaparecidos.

Ellos, ayer. Hoy, Marielle Franco, otra hermana nuestra abatida por la dictadura del capital en el Brasil de una corrupta marioneta imperial llamada Michel Temer. El escenario es uno solo: América Latina. La causa también es una: por la vida y contra el poder burgués militarizado en contra del pueblo.

(*) Periodista y abogado

 

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