Tomemos nota. De aquél lado REC SA, Difusora Baires, DIFA, Fiofio, Juzgado 25, Sindicatura, Whpei, Bignatti, Morano, Disney, Rodriguez Flores, Cetrá, Enacom, Lavallén, Schmelling, quiebra, licencias, medidas de no innovar, Ministerio de Trabajo, Spagnuolo, Radio Rivadavia, Radio Uno, Radio El Mundo y FM Disney.
De este lado trabajadores (operadores, técnicos, locutores, periodistas, administrativos) y sus organizaciones (AATRAC, SAL, UTPBA y SUTEP).
Cuando la falta de equivalencias objetivas respecto de cómo se accede a esos resortes de poder que tienden a definir todo -en estos tiempos de patrones y empresarios desatados a ejercer la impunidad más grosera- se hace tan explícita, los afectados están obligados a hacer de su resistencia a esa impunidad un acto centralmente inteligente, que haga de la lucha un instrumento imprevisible.
A los trabajadores de Rivadavia y el Mundo les esperan más celadas que las vividas hasta aquí, simplemente porque quienes vinieron desde un primer momento por ellos no suponían estos obstáculos, teniendo en cuenta que las condiciones económicas, legales, empresarias y estatales estaban dadas para resolver sin zozobras.
No repararon en la ausencia de resignación, en la voluntad de pelear por derechos laborales y humanos, en la decisión de rechazar activamente la mentira, la manipulación, la atomización. Minimizaron la firmeza del reclamo por las deudas salariales y la preservación de todos los puestos de trabajo, postura, ésta última, que se enfrenta al concepto de modernización sin gente, el modo de profundizar de manera criminal la desigualdad tecnológica, social y laboral.
Los trabajadores y sus organizaciones saben que se requiere de una afinada vitalidad para enfrentar un enemigo de varias cabezas, que no se deja llevar por la virtualidad histérica de los denunciantes seriales, cuyo ropaje “combativo” no alcanza a encubrir su funcionalidad a los intereses de aquellos que miente “combatir”.
Esta es la raíz de la pelea –se la reconozca o no, se la admita o no- de conflictos como los de Rivadavia y El Mundo, más allá de las características puntuales de cada uno (la quiebra de la empresa, en el primer caso, el no pago de los salarios, en el segundo), de sus extensiones (seis meses el primero, dos meses y medio, el segundo) y de los métodos de lucha adoptados en asambleas por los trabajadores.
En esos dos ámbitos –y no sólo en ellos- se sigue luchando apelando a todos los órganos del cuerpo humano: no es tiempo de defecciones ni sobreexposiciones orgánicas. Es tiempo, como siempre, de pelear sin concesiones para que no nos roben lo que nos corresponde.