“No somos los grandes candidatos. Hay selecciones que llegan mejores que nosotros al Mundial. Por ejemplo, Francia y España”. Las palabras que pronunció Messi en los primeros días de mayo de ninguna manera parecen inapropiadas. Es más: reflejan lo que se ve, lo que se palpita y lo que cualquiera con años de fútbol podría suscribir.
¿Esto que manifestó Messi significa que Argentina va de punto al Mundial? No, para nada. Pero tampoco es banca. Desde la última Copa América que conquistó con la victoria por 1-0 frente a Colombia, en Miami, el 14 de julio de 2024 con aquel bombazo de Lautaro Martínez, el equipo viene resignando algunas fortalezas. No es que se fue mostrando ni muy endeble ni muy frágil pero fue revelando cierta inconsistencia colectiva para resolver complejidades de alto calibre. De hecho, en las Eliminatorias para el Mundial perdió 4 partidos (ante Uruguay, Colombia, Paraguay y Ecuador) de los 18 que disputó. En la anterior Eliminatoria para Qatar 2022 no tuvo que soportar ninguna derrota. ¿Es un dato irrelevante? Puede ser. Pero es un dato a tener en cuenta.
¿Qué conserva la Selección? La calidad individual de sus integrantes. Y la actitud nada conformista de Lionel Scaloni, quien en aquellos días posteriores a la caída por 2-0 ante Uruguay en La Bombonera por Eliminatorias, minutos después del triunfo inmediato por 1-0 frente a Brasil en el Maracaná (con el cabezazo passarelliano de Otamendi) anunció en rueda de prensa que iba a tomarse unos días de reflexión para ver como iba a seguir. O no. La realidad posterior indicó que siguió. ¿Pero que vio Scaloni para meter un freno en medio de la competencia que terminó desconcertando a todos, incluso al presidente de AFA, Claudio Tapia? Scaloni nunca aclaró nada, por encima de las palabras de ocasión. Seguramente no adivinó ni displicencia ni abulia ni falta de compromiso. Pero es probable que haya observado una merma en la actitud general del equipo. En definitiva, lo que distingue a un campeón del mundo.

No es fruto de la casualidad que las selecciones campeonas del mundo a la cita siguiente se despidan prematuramente de los Mundiales. Las dos excepciones las marcan Italia consagrándose en los Mundiales de 1934 y 1938 (con la sombra omnipresente del dictador fascista Benito Mussolini) y con Brasil levantando la copa en 1958 y1962. Decía Daniel Passarella: “Hay que mantener la llamita encendida siempre”. Si esa “llamita” no queda encendida se reducen notablemente todas las chances de repetir. Le pasó en su momento a Argentina, Brasil, Italia, Francia, Alemania. Les pasó a todos.
¿Argentina tiene el síndrome del campeón del mundo atravesado por esa dinámica declinante? Sería tan aventurado decir que sí como decir que no. Lo incontrastable es que el plantel no pudo renovarse a la altura de las grandes exigencias. No para cambiar por cambiar. Ni para estimular a jugadores con el sello de “prometedores”. Scaloni intentó encontrar buenas respuestas individuales y en general en tres años y medio quedó expresado que no las encontró.
La Selección llegará al Mundial prácticamente con lo que ya tenía. Sin apariciones de gran impacto. Ni el Flaco López ni Nico Paz lo son. Valentín Barco podría perfilarse en medio campo como una presencia indisciplinada tácticamente pero atractiva por despliegue, manejo y atrevimiento, lo que no lo acerca al rol de figura. Queda en evidencia que a Argentina no la van a iluminar luces nuevas. Deberá funcionar con lo que ya funcionó en Qatar, más allá de algunas leves variantes que no modifican lo sustancial. Es un reto tremendo. Quizás por todo esto, Messi adelantó que “hay otras selecciones que llegarán mejor que nosotros”. ¿Es una manera de abrir el paraguas? No lo parece. En todo caso es una manera de reflejar lo que arrojan las fotos del presente.
¿Y Messi como llegará al debut del 16 de junio ante Argelia y luego el 22 frente a Austria y el 27 contra Jordania ya con 39 años? Esta versión actual no alimenta idealismos ni plenitudes. Esa etapa ya pasó. Nadie piensa que pueda repetir el extraordinario Mundial que jugó en Qatar. Pero Messi sigue siendo fundamental para Argentina. Por lo que juega y por lo que propone su juego en términos de creatividad y desequilibrio ofensivo. Para aquellos que interpretan que su ciclo ya está cumplido, habría que ratificar que sin él, Argentina no tendría ninguna posibilidad en el Mundial. Un pase criminal de Messi, una gambeta con valor agregado en zona próxima a la definición es solo patrimonio de él. Sí, es cierto, Paredes podría construir algo parecido. Julián Álvarez también. Enzo Fernández es probable. Pero la excelencia de Messi no tiene equivalencias.
Por eso Scaloni le prende velas. Como también le prende velas al Dibu Martínez, el arquero más influyente del mundo. El arquero que gana partidos y ´títulos. Son las mayores joyas de Argentina. El resto acompaña bien, muy bien o regular. Argentina “no es candidato”, planteó Messi. Tiene que ir construyendo sobre la marcha su candidatura. Ya lo hizo en las tres coronaciones anteriores, en el 78, 86 y 2022. Allí radica la ilusión: que el equipo se inspire en plena competencia.