29 junio, 2018

Yo también fui migrante

Por Manuel Cabieses (*).- Un millón ciento veinte mil inmigrantes se han convertido en una banderilla que escuece el racismo y chovinismo que padecen muchos chilenos por la brutal ignorancia en que los ha sumido el sistema. Aquellos que reaccionan ante la inmigración en una forma que nos avergüenza -al explotar su trabajo con salarios viles, esquilmarlos con el alquiler de viviendas miserables o humillarlos por el color de su piel-, ignoran que, en cambio, la migración chilena recibe un trato digno en los países donde viven, trabajan y educan a sus hijos.

Más de un millón de chilenos residen en diferentes países -sobre todo en Argentina-. Durante la tiranía (1973-89), ese número fue mucho mayor. Solamente en Venezuela encontraron refugio y solidaridad más de 80 mil. Decenas de otrosmiles fueron acogidos en Cuba, México, Colombia, Perú, Canadá, EE.UU. y Europa.

Son escasos los chilenos que sufrieron discriminación por su color-morenosporque somos morenos y mestizos-, aspecto físico -por lo general somos achaparrados y apequenados- o por la ignorancia del idioma local.

Dos veces en forma voluntaria y otras dos obligado, tuve que salir a ganarme la vida en otro país. La primera fue a Ecuador donde creía poder hacerme periodista. Un largo viaje por aire, tierra y mar a través de Perú y Bolivia que terminó con un fracaso en Quito. La segunda vez fue en 1958: varios periodistas de Izquierda quedamos cesantes a raíz de la derrota de Allende. Algunos fuimos a Venezuela -que se había sacudido de la dictadura de Pérez Jiménez-. Allí -en un país de inmigrantes españoles, portugueses, italianos, árabes y latinoamericanos- encontramos una segunda patria. La tercera vez, en 1975, me convertí en migrante contra mi voluntad. Fui expulsado de Chile con mi esposa y tres hijos. Cuba nos dio refugio -unto a centenares de familias chilenas, argentinas, uruguayas, brasileñas, bolivianas, centroamericanas, etc.-. La cuarta vez fue en los 80, pero ahora a las volandas. Con mi esposa, Flora, logramos salir de Chile con la CNI pisándonos los talones. Ambos éramos militantes del MIR en la clandestinidad. En Argentina encontramos asilo, solidaridad y amistades entrañables.

Gabriel García Márquez escribió en Cuando era feliz e indocumentado, sus experiencias de inmigrante en Venezuela. Más tarde pasó hambre en España pero en Venezuela encontró la misma amistad y hospitalidad que acogió a millones de colombianos en décadas pasadas. Incluso hoy más de 700 mil colombianos comparten con el pueblo venezolano los rigores de la crisis económica. Y varios millones de venezolanos son hijos o nietos de colombianos. La Oficina Internacional para las Migraciones (OIM) dice que casi un millón y medio deinmigrantes viven en Venezuela. No obstante, Argentina es el país latinoamericano que alberga más inmigrantes: dos millones, en su mayoría peruanos, bolivianos y chilenos.

El polo de atracción natural de la ola migratoria son los países ricos de Norteamérica y Europa. EE.UU. en un cuarto de siglo ha recibido casi a 47 millones que Trump quiere reducir mediante muros y deportaciones.

Varios países como México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Colombia, cuentan con las remesas de sus emigrantes para atender necesidades vitales de sus presupuestos.

El fenómeno migratorio -producto de un sistema que condena a la pobreza, la corrupción y la violencia a muchas naciones-, tiene su epicentro dramático en el mar Mediterráneo. Centenares de africanos -familias completas- intentan en sobrecargadasembarcaciones arribar a las costas de Europa en un empeño que a muchos adultos y niños les cuesta la vida.

En la frontera norte de Chile se vive un proceso parecido: una inmigración ilegalcruza a pie un desierto plagado de minas personales, o llega por mar y se interna en un país que no conoce, esperando encontrar una mano solidaria.

Es la desesperación de los que Frantz Fanon llamó “los condenados de la tierra”. Hombres, mujeres y niños que solo tienen un sueño: trabajo, salario y vida digna. Los migrantes se caracterizan por una voluntad de acero que los lleva a cruzar continentes para dejar atrás una vida sin futuro y a enfrentar con ánimo resuelto el desafío en aquellos lugares como Chile donde todavía imperan el egoísmo y la intolerancia con el otro.

Junio, 2018

(*) Periodista chileno.

–Nota publicada en la revista Punto Final.

Llueve en Groenlandia

Por Ana Villarreal

Periodista. Escritora. Secretaria General Adjunta de UTPBA. Delegada a la FELAP.
Esta nota comienza a escribirse y llueve en Groenlandia. A 11 mil kilómetros de aquí, las previsiones de las marcas térmicas para este día son de 3 y 1 grados, máxima y mínima, respectivamente.

Presentaron en la UTPBA el libro MINK’A, Proyecto Indoamericano

El periodista e investigador Juan Olarte Aldapi presentó su libro MINK’A, Proyecto Indoamericano en la sede de la UTPBA, en un acto del que participaron el referente de pueblos originarios de Quilmes, Julio Sosa, y el abogado y profesor Fernando Basán Güemes, descendiente de Martín Miguel de Güemes.

¿Titiriteros?, ¡las pelotas!

Por Daniel Das Neves

Periodista. Secretario de Relaciones Internacionales de la UTPBA.
Se trata de no bajarle el precio a algunas ideas. Allá, por fines de los 60 y comienzos de los 70 del siglo pasado (lejanía de la lejanía) el científico Oscar Varsavsky daba una batalla contra la simplificación, hablando de la ciencia, la tecnología y la política.