El Che Guevara fue asesinado en Bolivia el 9 de octubre de 1967 a los 39 años. John Lennon fue asesinado en Estados Unidos el 8 de diciembre de 1980 a los 40 años. ¿Qué historia los une? ¿Qué historia los separa? La realidad es que no tuvieron conexión directa el Che y Lennon. Lo que siempre quedó en claro es que sus biografías quedaron inconclusas. Tan inconclusas como majestuosamente perdurables.
Nadie con un mínimo grado de sensatez podría negar que la dimensión y magnitud extraordinaria de sus obras y de sus legados históricos continúan vivos, aún en las burbujas más reaccionarias de sus detractores y enemigos más acérrimos tan sensibles y próximas a las derechas globales e incluso al fascismo.
Las memorias del Che y Lennon son un auténtico patrimonio de la humanidad. Con apenas cuatro décadas vividas revolucionaron el mundo. Desde el arte. Desde la política. Desde los climas sociales. Y sobre todo, desde la percepción de que algo profundo y genuino podía cambiarse de manera progresiva o radical apelando a un nivel de compromiso, solidaridad y convicción que demolió indiferencias, egoísmos, mentiras, miserias y mediocridades.

Nunca especularon si se considera a la especulación un toma y daca. Nunca fueron oportunistas. Siempre dieron todo. El compositor y poeta inglés y el revolucionario argentino murieron en combate. Uno, a manos de un psicótico que lo acribilló por la espalda. El otro, a manos de la contrainsurgencia norteamericana extendida en Bolivia. Ambos, banderas y símbolos implacables de la rebeldía y la resistencia cultural, política y social que nunca dejará de reivindicarse.
Plantear con ligereza que Lennon fue y es una de las expresiones vanguardistas más elevadas, talentosas e influyentes de la música sería un reduccionismo imperdonable. Afirmar que el Che fue la cabal demostración de que “un hombre nuevo” era posible, fue y es una potente consigna humanista que se quedó corta frente a la construcción de un sujeto político que trascendió con una amplitud inabarcable todas las definiciones más clásicas o más modernas.
A Lennon durante varios años lo espió la CIA en su prolongada estadía en Nueva York. Al Che lo asesinaron con la complicidad y la colaboración efectiva de la CIA. Enemigo indirecto e ideológico Lennon para el establishment yanqui. Enemigo directo el Che para el sistema capitalista. Víctimas no casuales de distintos derroteros, aunque los desenlaces hayan sido tan diferentes como iguales y trágicos en su epílogo.
Pedía por la paz y el fin de la guerra en Vietnam, Lennon. Luchaba por la igualdad y el fin de la opresión el Che. Querían, en definitiva, un mundo mejor. Sin príncipes ni mendigos. Sin opresores ni oprimidos. Sin millonarios obscenos agitando sus alhajas y sin pobres disueltos en las cloacas de la marginalidad global revolviendo los tachos de basura. En teoría, nadie podría estar en desacuerdo con esta construcción. En cambio, en la práctica, la regla naturalizada del capitalismo se opone a distribuir a sangre y fuego. Solo admite el hipócrita escenario del derrame que no existe. Es su génesis. Su marca registrada. Y su reconocida razón de ser.

Dicen los lugares comunes nunca ausentes que este mundo líquido no es el mismo de los 60, 70 y 80. Que todo se modificó. Que nada se conserva. Que las conductas, los hábitos, las ideas, los deseos abstractos y hasta las pulsiones del presente no guardan ninguna relación con las del pasado. ¿Será realmente así? Pero la verdad es que el amor sigue siendo el amor. Y el odio criminal sigue siendo el odio criminal. Como el coraje y la virtud. Como la cobardía y la traición. Los valores absolutos puede identificarlos cualquiera. Ayer y hoy.
Hace 58 años era asesinado el Che. Hace 45 años era asesinado Lennon. Lo sustancial no cambió. Por eso sus presencias enmarcadas en los recuerdos continúan disfrutando de una enorme vigencia imposible de ocultar. ¿Cuántas canciones conmovedoras nos privamos de escuchar desde el momento en que Lennon cayó doblegado por los balazos de Mark David Chapman? ¿Cuántas palabras, ideas, acciones y otros contenidos no pudimos conocer desde que el Che pasó a la inmortalidad?
¿La respuesta estará soplando en el viento como alguna vez dijo Bob Dylan? Valdría la pena saber interpretar ese testimonio.