Es de imaginar que el temple de Kepa Junkera sea interpelado por su día a día. El músico y compositor vasco atraviesa los efectos de un ictus, que en 2018 lo sacó de los escenarios, aunque no le arrebató los impulsos que agitan su inteligencia creativa y su singular sentido del humor. Porque, si bien las voluntades se forman y suponen origen en esos ríos, a veces insondables, de las interioridades humanas en Kepa Junkera toman al arte como un vector.

“Hago lo que puedo. Sigo manteniendo las ganas, de otra forma, pero ahí están”, confirma luego de agradecer la visita y de recordar con particular atención sus viajes a Argentina y es muy especial su evocación de Lito Vitale, “imprescindible -dice- sin él muchos trabajos hubieran quedado en sueños locos”.
Por estos días, la Cadena Ser (Sociedad Española de Radiodifusión) cumple un siglo. Y luego de la autorización de Kepa para que su voz sea clonada, los oyentes asisten a la maravilla de la conjunción de la iniciativa humana y la contribución de la Inteligencia Artificial. La recreación de la voz de Kepa se escucha en la radio. “No son mis palabras, pero son mis pensamientos”, celebra el músico quien se encuentra en el proceso de recuperación del habla.
Autodidacta, ejecutor de la trikitixa, acordeón diatónico similar a la verdulera, compositor y recopilador del cancionero popular es considerado el más universal de los músicos vascos. Esta valoración halla fundamento en la convocatoria a sus pares de distintas latitudes del mundo y de diversos géneros con quienes compartió proyectos de fusión, de grabaciones y espectáculos en vivo.

Admirador de la obra de Astor Piazzola, entre sus referencias más importantes, “a quien se le pueden copiar notas, pero jamás imitar el pulso”, supo también ganarse el corazón de los seguidores del Atletic que han cantado con él el estribillo “que no me voy a casa, me voy a San Mamé”, del himno que compuso para su club de fútbol preferido.
“Berpiztu”, “Renacer” en eusquera, es el libro que vio la luz hace dos años y que recopila los 40 años de su trayectoria. “Es la primera vez que paro y puedo ver todos esos trabajos juntos -refiere- Berpiztu es especial, gracias a Miren, Olatz, Bea, Mikel, Joseba – familiares y amigos- que lo impulsaron”.
Ese recorrido extenso y plural que sumó la participación de decenas de intérpretes, entre los que figuran Ana Belén, Víctor Manuel, Pau Donés, Luis Eduardo Aute, María del Mar Bonet, Miguel Ríos, Pedro Guerra, Estrella Morente, Ara Malikian, Andrés Calamaro, Adriana Varela, León Gieco, Chango Spasiuk, Sandra Mihanovich, Abel Pintos, Nahuel Penisse.
“Mi abuelo tocaba la pandereta, la que llevé a la portada de “Berpiztu”, la guardé con mucho orgullo. También esa piel tocaba mi madre. Está rota. Me decían para arreglarla. No quise, porque no quería perder esa piel sobre la que tocaban”, lo dice mientras invita a posar las manos sobre la fotografía de su “aitita”.

“Aquí tan naciente, aquí tan existido”, como en el verso de Mario Benedetti, Kepa Junkera planta su pulseada, en las coordenadas de su Euskal Herria -Patria Vasca- en un desafío insistente ante posibles fuerzas de logobreces, con todo su potencial humano en sustancia de sueños.