4 julio, 2024

Resentimientos envenenados

Por Eduardo Verona.

Periodista. Miembro de Conducción de UTPBA.

En tiempos urgentes como los actuales en los que florece y se expande el ultraindividualismo como una auténtica plaga bendecida por el capital financiero y por su matriz y génesis ideológica, política y económica que se representa en los bordes y en las profundidades del capitalismo, se impone la lógica impiadosa del resentimiento social envenenado.

Un resentimiento vital y creciente que no se enfoca hacia los sectores más privilegiados, miserables  y reaccionarios de las sociedades contemporáneas, dueños casi excluyentes del dinero, la tierra y de los recursos naturales, sino que apunta a desintegrar los estándares más clásicos de la clase media, la media baja, la baja y la que está habitando en el subsuelo contando las monedas y recogiendo las migajas.

¿Qué tipo de fuerzas y mecanismos de propagación operaron y operan para que en la dinámica guerrera de la vida cotidiana, las pulsiones destructivas (y autodestructivas) de millones de personas se empeñen día tras día en intentar perforar y aniquilar las conquistas históricas y los logros simbólicos más significativos de las mayorías populares? ¿Qué factores de poder e ideas nefastas influyen y deciden para que este curso de acción directo incorpore las voluntades y adhesiones de hombres y mujeres convencidos de su tarea? ¿De qué se convencieron? ¿Quiénes los convencieron? ¿Por qué se plegaron al galope de la frustración, la decepción y el desaliento a las filas erráticas de un enemigo declarado que en el obsceno altar del mercado nunca dudó en sacrificarlos sin permitirse una pausa ni un mínimo reproche? Al contrario: los arrojó y los continuará arrojando al abismo sin pudores ni arrepentimientos después de servirles a la causa. 

Ese resentimiento emocional y no reflexivo expresado para con un par o incluso con alguien que no los percibe como una amenaza o como un peligro real, es la evidencia incontrastable de la gigantesca confusión que el sistema (con sus satélites de la comunicación y de las redes cloacales funcionando a pleno) derrama con una precisión y una agudeza inocultable. Allí, en ese foco que persigue la figura que el admirado Rodolfo Walsh supo definir hace casi medio siglo como “la miseria planificada”, se nutre y se multiplica el capital concentrado nacional y transnacional para construir el perfil de una obra nunca ajena a la tragedia colectiva.     

Cynthia Fleury, psicoanalista y filósofa francesa de 50 años, autora del ensayo Aquí yace la amargura. Como curar el resentimiento que corroe nuestras vidas, interpretó en una entrevista reciente que concedió a la periodista Bárbara Schijman, cual es el alcance y la dimensión del fenómeno social que aplica en la actualidad.

Cynthia Fleury.

Sostiene Fleury sin ambigüedades: “Las redes sociales son una herramienta fantástica para propagar el resentimiento. Son una máquina maravillosa para alimentar el resentimiento. Los usuarios suelen elegir a cualquiera a partir del momento en que ese cualquiera les cuente el mismo delirio: un contra ejemplar, una especie de liderazgo engañoso. Entonces eligen al más loco, al más bufón. Es lo que Michel Foucault llamaba “la sabiduría grotesca”. La masa elige al líder. No es el líder el que produce a los individuos en masa. Nunca fue así, pero vivimos con la idea del líder malo que por su fuerza carismática va a transformar a los individuos en monstruos. No. Son los individuos que poco a poco permiten que ese monstruo entre en ellos, eligen a aquel que acaricia el monstruo que tienen dentro y en ese momento nace el líder y siguen al líder. Y entonces ese líder, como pasa muchas veces, puede utilizar todas las armas legítimas del Estado contra la masa. Toma sus prerrogativas porque le dieron la violencia legítima del Estado para que administre”.

Esa violencia que invoca Fleury, que hasta puede revelarse según el tenor de las circunstancias y de las resistencias como un terrorismo estatal hoy todavía relativizado y subestimado, incluso por los que dicen fumar debajo del agua, se aferra a la contraseña del resentimiento colectivo para elaborar planes de acciones tan reaccionarios como violentos, en sintonía con la atmósfera asfixiante del presente.

¿Quiénes son los que lo avalan? ¿Quiénes se muestran sensibles y muy receptivos a utilizar una metodología represiva y criminal? Sin dudas, la patria económica y financiera con vínculos estrechísimos e indefendibles con las burbujas orgánicas e inorgánicas de la financiarización internacional, junto al respaldo de un ejército numeroso y variopinto de resentidos sociales que pretenden realizarse y consagrarse bajo la consigna esencial de someter y quebrar a todos los que se oponen a la devastación. Un escenario catastrófico que abraza el espanto. Pero un escenario real. Negarlo califica al que lo niega. 

La violencia explícita que propone el resentimiento que continúa escalando en múltiples direcciones se esconde y a la vez se disfraza en el marco de las insatisfacciones democráticas que gatilla la impotencia y la decepción. Y en no pocas ocasiones se mimetiza con el inconfundible perfume del fascismo neoliberal incipiente o activo. En ese refugio indeseable, el resentimiento social mal procesado y canalizado, se transforma en una potente y cruel herramienta de la clase dominante. Una herramienta del pueblo que atenta contra los intereses y la vida del pueblo.       

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